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#10 (for Bob Morris)

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#10 (for Bob Morris)

Todo valle será rellenado,
y todo monte y colina será nivelado.
Los caminos torcidos serán enderezados,
las sendas dispares serán allanadas

Lucas 3:5

I.

Dibuja una línea recta y síguela. El tiempo avanza de A a B, o de B a D, es decir, de un punto se dirige a otro punto. Su camino es recto en lo horizontal, pero crece en lo vertical, como un copo de nieve que aterriza en lo alto de una montaña y rueda en línea recta por sobre su pendiente, acumulando nieve en su descenso, creciendo, rodando, engordando. El espacio se expande y junto con él, el tiempo. La expansión temporal no sólo sucede en su transcurrir, es decir, en la constante creación de instantes que de acumularse llenarían el barril del infinito. El tiempo se expande en su duración: cada segundo dura más que el anterior, aunque, a diferencia e independientemente de la paradoja de los gemelos, o el transcurrir del tiempo en dos fuerzas gravitacionales distintas, no tenemos acceso a un tiempo fuera del universo que nos permita la comparación, un segundo siempre dura un segundo, aunque su duración es distinta al segundo original. Suponiendo que la expansión del espacio es directamente proporcional a la del tiempo, usando la constante de Hubble –que no es constante, ni es exacta, y en el casi un siglo que lleva existiendo ha reajustado más de un 80% su valor–, cada segundo aumentaría 0.007 % su duración con respecto al anterior. Usando, como San Agustín, la música como instrumento de medición temporal, una canción que se editó el mismo año en el que Hubble publicó su constante: Singing in the Rain, la versión que grabó Cliff Edwards en 1929 dura 02:12 minutos, actualizada a tiempo presente aumentaría 792 nanosegundos su duración; o, la primer composición de la historia que se conserva completa: el Epitafio de Sícilo, en los más de dos mil años que han pasado desde que se escribió la melodía, habría aumentado 155.05 nanosegundos la duración de cada uno de los segundos que la componen; las diferentes interpretaciones del Epitafio de Sícilo varían en su duración, siendo, tal vez, la más fiel a la partitura, cuando se ejecuta a través de un archivo MIDI, esta versión dura 72 segundos, para traerla a valor presente habría que agregarle 11.1636 microsegundos, lo que equivale al tiempo que tarda una bala en recorrer el espacio que hay entre la piel y el corazón, o lo que tarda una sola onda del canto de un cetáceo en cumplir un periodo; Sícilo canta: “Mientras vivas, brilla, no sufras por nada en absoluto. La vida dura poco, y el tiempo exige su tributo”, el tiempo exige y se paga a si mismo tributo al expandirse y lograr que cada 9902.45 millones de años una unidad de tiempo duplique su valor, como un copo que rueda y acumula nieve en su descenso.

II.

Dibuja una línea recta y síguela. Decimos que caminamos en línea recta cuando nos dirigimos hacia un punto, de A a B, o de B a D, aunque nuestro trayecto no dibuje una recta ideal, sino una recta que se adapta a la superficie sobre el cual nos desplazamos: línea geodésica. Para optimizar los desplazamientos se han construido calles y carreteras que intentan ser lo más parecido a una recta: cien metros una cuadra promedio, doscientos sesenta kilómetros la carretera recta más larga, ubicada en el desierto de Arabia Saudita, seguida por la recta que cruza el desierto de Baja California de ciento setenta kilómetros, y por los ciento cuarenta y seis kilómetros de recta que cruzan el desierto de Australia. Un desierto es un laberinto del que sólo se sale moviéndose en línea recta.

La línea recta permite que un cuerpo alcance su mayor velocidad. El 8 de diciembre de 1913, estando de casería, Camille Jenatzy se esconde tras un arbusto, imita los rugidos de un jabalí para engañar a sus compañeros de caza, uno de ellos, Alfred Madoux, escucha los ruidos, dispara y lo mata. Camille, “el diablo rojo”, Jenatzy, había pasado a la historia como el primer hombre en conducir un auto por encima de los 100 km/h, récord que rompió a bordo de “la nunca satisfecha” en la recta central del parque agrícola de Achères. Una recta seguida por otra recta: la recta por la que condujo su automóvil, la recta de la bala con que se encontró.

Todo interviene en la trayectoria de una bala: la temperatura y humedad del ambiente, la altitud con respecto al nivel del mar, la resistencia aerodinámica, la curvatura y rotación de la tierra, la velocidad de impulso y la fuerza de gravedad. Antes de 1685, cuando Newton publica la ley de gravitación universal, se creía que una bala viajaba en línea recta hasta agotar la energía que la disparó, para luego desplomarse en vertical.

La pistola que imprime mayor velocidad a una bala es la .223 Winchester Super Short Magnum, la dispara a 5047.488 km/h; para que una bala viaje en línea recta debe, por sobre todo, vencer la fuerza de gravedad, es decir, viajar a 40320 km/h, 7.98 veces más rápido que la bala que sale de la pistola más potente, y mantener esa velocidad durante todo su trayecto, así, la bala dibujaría una recta tangente que saldría de la tierra sin modificar su dirección, hasta encontrarse con otra fuerza gravitatoria que la re-enrumbe.

Dibuja una línea recta y síguela. Al igual que la bala, caminar en línea recta nos obligaría a abandonar la superficie terrestre: la recta nos proyecta al espacio, apenas dado el primer paso, nos habríamos elevado 780 picómetros, dos pasos más y 7000 picómetros nos separarían del piso, y habiendo recorrido poco más de tres kilómetros y medio estaríamos caminando un metro por encima de la tierra, nos alejaríamos del planeta a pasos logarítmicos. Siguiendo nuestro camino por esta línea recta trazada sobre una instantánea tridimensional del universo, avanzando tranquilos, un promedio de veinte kilómetros diarios, en dos meses estaríamos cruzando la línea de Kármán, convirtiendo la atmósfera terrestre en nuestro espacio exterior y perdiendo toda perpendicularidad para con ella.