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Possessor: Cuerpos sin Persona

Por: Lauro López-Sánchez M.

El capitalismo intenta controlar mundos siempre virtualmente posibles por medio de la variación y la modulación continua. Para decirlo de modo preciso, no produce ni sujeto ni objeto, sino sujetos y objetos en variación continua, gestionados por las tecnologías de la modulación, que están por su parte en variación continua.  

Maurizio Lazzarato

El cineasta Brandon Cronenberg, introduce su mirada-bisturí para diseccionar en las sociedades de control y entender su anatomía. En la primera escena se decanta el film, bajo un iluminado charco de sangre como la fuerza del corte ,que permite atravesar el acontecimiento político capturado que rige nuestra vida actual.  Ya  la novela Super-Cannes de J.G. Ballard,  describía puntualmente los nuevos espacios de la re-ingeniería social y experimentos urbanos de la élite financiera y tecnológica,  en donde el complejo de viviendas y oficinas privadas borran la línea entre la vida y el trabajo, así mismo el cine  y el glamour de sus  festivales, borran la línea entre la ficción y la realidad: ahora todos somos actores del marketing y la publicidad.  Ante las nuevas capturas del deseo y las expresiones,  es necesario describir las mutaciones del capitalismo tardío y sus nuevas axiomáticas.

El film Possessor, describe puntualmente lo que el sociólogo Maurizio Lazzarato  menciona sobre el desempeño de las actuales corporaciones: “La empresa no crea el objeto (la mercancía), sino el mundo donde el objeto existe. Tampoco crea el sujeto (trabajador y consumidor), sino el mundo donde el sujeto existe“ El film da un paso adelante hacia un tipo de horror corporal gestado por los dispositivos de control,  que diseñan mundos donde la identidad, deseo y acción se desenvuelven, hábitats basados en la completa vigilancia para diseñar a detalle esa misma realidad donde el cliente existe.  El big data como un gran otro que modula la realidad, sin embargo, este gran otro está sometido a la propia modulación tecnológica de la que se sirve y que nos advierte su reverso,  produciendo puntos ciegos al intentar atenazar el acontecimiento. Toda la violencia expuesta en Possessor, remite a un cuerpo-subjetivizado que termina por generar un corto circuito entre el control y lo que lo modula, sus cortes generan cuerpos sin persona.

El film emplea la ciencia ficción  para describir mejor los “próximos cinco minutos”, Ballard dixit. NO un futuro lejano, sino lo más próximo donde sucede este “futuro”.  En el film una agencia secreta  se encarga de usar los cuerpos de diferentes individuos, para ocupar su cuerpo, separándolo de su voluntad, a través de una cirugía cerebral y que  durante un par de días, el agente podrá alojarse en ese cuerpo, para poder controlarlo a distancia. Estos individuos  que son“poseídos” mantienen una relación cercana o familiar con la persona que será eliminada (asesinada). La agencia secreta se encargará de fabricar un crimen inexplicable, usando el cuerpo del poseído, pero  resultando un crimen perfecto, que borrará toda conexión con el que ha contratado el servicio.  La agencia provee este servicio al margen de la ley, como muchos otros negocios de vigilancia al servicio del capital. No obstante, el objetivo real de la agencia secreta (en el film) es quedarse con la compañía de minerías de datos más grande fuera de E.U. Han sido precisas las advertencias de Edward Snowden sobre la tendencia, desarrollo y futuro de las compañías de la información (Google, Amazon, Facebook): concentrar los datos y el capital.  

La agencia secreta es el factor  que agudiza la relación posesor-poseído fuera del dato; la que ejercerá directamente sobre los individuos, pero no para disciplinar a los cuerpos, sino para borrar la línea entre lo físico y el dato; ahora la vida del cuerpo depende del dato. El Biopoder comienza a ser monopolizado por las grandes compañías digitálicas, empleando poderosos  sistemas de minería de datos para crear una segmentación automática de clientes. Las corporaciones se encargan de producir, ya no productos sino mundos y clientes, al que segmentan gracias al conocimiento de todos sus hábitos; la vigilancia permanente en cada click y compra.  Entonces, primero se establece el hábitat y luego los múltiples dispositivos de vigilancia  a través de las  redes sociales,  compras, información bancaria, datos médicos etc… El cliente terminará autoconociéndose desde sus compras, deudas y pagos. Nuestra capacidad de desición, asi como nuestros actos, son prestablecidos o subsumidos por las aplicaciones; nuestros actos adolescen de aperturas, porque en lugar de generar actos autónomos, estos quedan subsumidos en un afuera o apertura sin adentro en la inmediata recuperación de nuestros datos bajo la segmentación. Estamos ante una apertura total sin afuera; la hyper conectibilidad y sus múltiples dispositivos inteligentes trazan las capturas de consciencias y deseos. ¡Queremos el mundo que ha sido segmentado para nosotros!

La tensión central en el film, sucede por una interrupción  técnica que deriva en un cortocircuito, o falla en el sistema entre el posesor y el poseído; el agente se verá impedido a dejar el cuerpo del poseído, lo que genera una precipitación directa hacia los cortes de personalidad, cortes que entre-abren las personalidades; es aquí donde todo el horror asiste a las imágenes del film. Las identidades cruzadas, son estadios ontológicos imprevistos, irregulares,  generados por sus fallas inmanentes y sus retroalimentaciones. 

El gran acierto del director es emplear con toda precisión la cámara y la sobre posición (sobrexposición) para producir en la imagen el derretimiento de las personalidades, para volcarlas hacia una nueva monstruosidad identitaria. Desgarramiento del rostro y de la identidad que recorre la corporeidad dejando perforada la psique. Es el regreso furioso, trágico del acontecimiento y sus huellas son la retacería identitaria, los agujeros psíquicos, las máscaras derretidas, como  los nuevos horizontes del horror corporal, que surgen en las hyper sociedades de control  y sus dispositivos acelerados de des-corporación y des-rostrificación; hoy vueltos nuevos cuerpos y nuevos rostros por portar, dejando su nulidad como rostros exhibidos.

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