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Aceleración financiera y la metafísica radical del socialismo

Aceleración financiera y la metafísica radical del socialismo

En Por Una Metafísica Radical del Socialismo. Marx y Laruelle, Katerina Kolozova hace un lúcido análisis del panorama financiero y contemporáneo: logra construir una propuesta para reactivar la idea del socialismo, a través de la interpretación que François Laruelle hace de Marx.

El pensamiento de  François Laruelle  ha  sido poco estudiado en el mundo hispanoparlante, debido a la ausencia de traducciones de sus obras. Laruelle  nombra a su disciplina “no-filosofía” o “filosofía no estándar”. De acuerdo con él, en el origen de toda filosofía hay lo que llama “principio de auto-suficiencia”, que a través de su historia ha tomado diversos nombres. Cómo ejemplos podemos nombrar al Ser en Heidegger o la diferencia en Derrida y Deleuze. Este principio sustituye lo Real, que en manos de Laruelle es sinónimo del Uno;  su pensamiento es radicalmente inmanente. Laruelle utiliza el poder amorfo de lo Real para desbaratar toda forma de dominación que acosa al pensamiento. Laruelle reduce los conceptos de la filosofía a su principio más básico y parte de ese lugar para utilizarla en contra de su propia autoridad, construyendo así una democracia del pensamiento. Con la metodología de la no-filosofía, Laruelle hace una crítica muy cristalina de los principios de la filosofía, que en sus manos se develan como meras ficciones. Con sus conceptos provoca una colisión por métodos cuánticos: dando por resultado un calidoscopio de posturas y estilos que defienden al hombre, concebido como un agujero negro que se sustrae de las abstracciones que intentan dominarlo. En última instancia, la no-filosofía es una defensa de lo vivido (vécu), no en pasado ni futuro, sino en una conjugación donde el tiempo se vuelve irreconocible.

En el trayecto de la no-filosofía un aliado fundamental es el pensamiento de Karl Marx, debido a su búsqueda de fundar una ciencia materialista de la sociedad. Al colocar la esencia del ser humano en la fuerza del trabajo, y no en el espíritu trascendental como en la dialéctica de Hegel, hace un llamado a escuchar la realidad física y sensorial. Al denunciar la plusvalía como la operación de abstracción del trabajo en el capitalismo, nos hace ver que este opera de manera similar en la filosofía: una realidad auto-suficiente que busca tomar el lugar de lo vivido. La filosofía, en los términos de Laruelle y Marx, nos llevan a violar nuestros propios intereses, traducidos en un “estado general de bienestar físico y mental”: reemplazando la vida con la “verdad”. En términos marxistas, el fetichismo nos lleva a traicionar nuestras necesidades inmediatas, impidiéndonos una vida plena.

Uno de los aciertos más importantes de “Hacía Una Metafísica Radical del Socialismo” de Katerina Kolozova, es señalar que el socialismo es una solución genuina al conflicto entre hombre y naturaleza, entre el hombre y el hombre. Su meta no sólo es la emancipación económica, sino también metafísica. Pero antes de argumentar esta contradicción, debemos señalar que esta busca una “metafísica trascendental empobrecida” que el materialismo histórico propone:  “Una vida espiritual plena es la meta de la idea socialista y comunista”, escribe Marx. Una espiritualidad que es experimentada, vivida y materializada como sensorial o real. La oposición de los espiritual con lo material se vuelve obsoleta en esta visión.

Para Kolozova, siguiendo a Laruelle, una revuelta en contra de la violencia y la subyugación, en vez de ser realizadas en nombre de abstracciones y visiones de transformación del mundo, deben ser una acción política afectada por la inmanencia. Son acciones determinadas por intereses reales y sensitivos en vez de intereses abstractos o filosóficos.  “El humano solo puede tener su emancipación sucumbiendo a su animalidad inmanente”, nos insiste Kolozova. No una animalidad como la entiende el racionalismo clásico, donde la ausencia de razón pone fuera de balance al hombre con el mundo, sino por el contrario una animalidad donde tenemos un reencuentro con una sensibilidad extraviada.

Esta solución metafísica tiene una disociación tan radical contra el sistema neoliberal reinante que podemos señalar esto como una causa de sus crisis y posible fin. Al principio del siglo XXI, la economía ya no es tal en el sentido propio del término, en cambio, se ha convertido en un instrumento de las finanzas. El puro valor simbólico y lingüístico del dinero no está vinculado al valor material o de uso. Se ha convertido en algo auto-referencial, y su valor está medido solo de acuerdo a medidas hipotéticas en hipotéticos sistemas de medición.

De acuerdo al The Financial Crisis Inquiry Report publicado por el gobierno de los Estados Unidos en el 2011, la recesión financiera que empezó en el 2008 (y que parece que está aquí para quedarse) fue resultado de malas estimaciones de las agencias de valoración acerca de las derivadas financieras, seguros y otras formas de valor financiero, sin ningún referente real de propiedades físicas o de uso de valor. Por ejemplo, en el 2007, los cinco mayores bancos de inversión -Bear Stearns, Goldman Sachs, Lehman Brothers, Merril Lynch y Morgan Stanley- estaban operando con extremadamente poco capital. Su nivel de proporción era tan alto como de 40 a 1, lo cuál significa que por cada 40 dólares en bienes, solo había un dólar en capital para cubrir perdidas.  Una caída de hasta menos de 3 dólares en el valor de los activos podría parar operaciones en seco una firma, lo cual la llevaría a declarar su quiebra. Estos niveles eran escondidos en derivadas financieras, entidades fuera de balance y escaparates decorados en los reportes disponibles al público de inversionistas. En el 2008, la burbuja explotó y el Estado intervino. Está intervención no podía ser especulativa. Tuvo que sostenerse en los recursos materiales de los ciudadanos. Se puso como carne de cañón la tierra y la vida como sustento de la fuerza de trabajo para que los bancos sobrevivieran. Estos sustentos fueron destruidos tan pronto como fueron traducidos a “bienes derivados”. La abstracción destructiva entre lo material y lo monetario fue lo que nos llevó a la recesión económica que aún vivimos.

Para Kolozova, esta abstracción es una demostración de que en última instancia, la economía contemporánea tiene su fundamento en una instauración del capital como una determinación trascendental de lo social, una decisión filosófica que se instituye a sí misma como más real que la realidad. La visión capitalista del mundo es esencialmente una filosofía. Este punto, más que ser una crítica devastadora a la filosofía, puede ser una reactivación de su importancia en la economía política, ya que tiene el potencial de desenmascarar la ontología del mercado de valores, un punto que Kolozova pasa por alto.

Katerina Kolozova dice estar de acuerdo con el manifiesto aceleracionista que escribieron Nick Srnicek y Alex Williams inspirado en Nick Land (aunque son críticos de su rabioso nihilismo, que puede llegar a ser muy reaccionario). Para estos autores, acelerar el funcionamiento del capitalismo de acuerdo a su lógica inherente podría ser revolucionario. Kolozova explica de manera convincente el escenario al cuál puede llevar el aceleracionismo: arrastrar la especulación financiera hasta el lugar en que se estrelle con lo Real y se quede sin recursos materiales. La plusvalía y el valor de uso inevitablemente se disociarán cuando desproporcionadamente haya más edificios vacíos que llenos debido a la inflación causada por el incumplimiento de hipotecas y la devaluación de bienes. Un escenario apocalíptico es necesario para que un nuevo horizonte político aparezca. Es en este punto donde se intersecta la economía y lo Real. Kolozova se suscribe al entendimiento de lo Real, tanto de Laruelle como de Lacan como un encuentro que interrumpe la cadena significante: carece de forma y significado. Como el trauma, es una inesperada intervención de lo que no hace sentido. La rehabilitación de la utopía socialista solo será posible cuando choquen las industrias financieras con lo material y la soberanía del capitalismo se vuelva inoperante.

Cuando los apostadores financieros se estrellaron con lo Real, el aspecto material de su forma de vida, le pidieron al gobierno un rescate financiero y les fue otorgado. Hay una relación directa entre la industria bancaria y el gobierno, al menos en Estados Unidos y la Unión Europea, como se ha probado desde el Crack financiero. Esto puede parecer obvio en un principio, pero se vuelve más complejo cuando analizamos que la motivación del Estado para intervenir en la industria financiera va en contra de los principios de la racionalidad económica. ¿Cómo es posible que la estabilidad de la inversión de los bancos y sus fondos sirven a la estabilidad general de la economía, vinculada a la producción material, consumo y sustentabilidad? El rescate financiero del gobierno de los Estados Unidos trajo más peligros que estabilidad, y por lo tanto: a) un crecimiento de la pobreza, b) un agujero en el presupuesto nacional, y c) la preservación de una “industria”, la cuál no apoya a la economía real, sino que contiene la tendencia de destruirla. Inclusive es un medio que puede poner en peligro la soberanía de los Estados si es que la industria financiera sigue teniendo crisis constantes como se prevé. Llegará el punto en donde la manipulación de los precios será más poderosa que la capacidad del Estado para salvar la banca. Es respecto a este punto que un proyecto aceleracionista, aunado a la inercia de los mercados de valores, pueden tornarse en contra de la política económica que se ha venido manejando hasta el momento.

Los efectos negativos del rescate bancario es algo que pudo haber predicho cualquier economista. Lo que quedó demostrado es que el bienestar económico de la sociedad fue sacrificado en nombre de las industrias financieras. En su libro “Beneficios Sin Producción: Como Nos Explotan las Finanzas”  Costas Lapavitsas desenmascaró el mito de los Estados incapaces de establecer control sobre el capitalismo. Pensar algo así es una falacia ideológica: la economía siempre ha sido política, justo como Marx siempre insistió. La libertad absoluta en el mercado es una decisión filosófica y un decreto político que nadie ha querido parar, ya que quienes toman las decisiones no han dejado de hacer dinero. Si se toma la decisión filosófica de que las cosas sigan su cauce, el mercado de valores se terminará tornando en contra de los Estados gobernantes. Por el momento lo que ha sido el muro de contención es un proyecto político en que el capitalismo y la democracia se han disociado, sin embargo no es una estrategia que pueda funcionar mucho tiempo. Aunado al detrimento de las necesidades materiales de la sociedad causada por el desempleo y la inflación que ocasionará, el escenario financiero que estamos viviendo traerán un escenario social catastrófico. Una bomba de tiempo hace tic tac en la economía mundial.

De acuerdo con Kolozova, uno no necesita la promulgación de un proceso de aceleración del capitalismo como forma de resistencia, haciendo referencia a los argumentos del “Manifiesto Aceleracionista”, sencillamente porque este es un proceso que es generado por el mismo capitalismo.  Es este punto en donde la revolución política que imagina Kolozova tiene su punto débil, pues sin una ontología del mercado de valores que entre en guerra con el Estado, no habrá una base de capital que permita a una sociedad socialista hacerse de los medios de producción tecnológicos. Como declara Nick Land en uno de los ensayos de Fanged Noumena, el mercado de valores no debe ser visto como un enemigo sino como un arma. El gran descubrimiento de Laruelle es que la abstracción del capital intersecta con la abstracción filosófica. Su gran error al darse cuenta de esto es la búsqueda de una pasividad radical: el punto débil de la no-filosofía se encuentra en no poder articular las condiciones de una lucha política, dejando cómo única alternativa la claudicación al sistema capitalista; sin embargo tal opción nos parece ingenua respecto a como funcionan las necesidades materiales en nuestra sociedad. Esta postura solo puede tener como resultado que los medios de producción se queden en las mismas manos que han estado hasta el momento. El punto débil de la no-filosofía es el reverso de su descubrimiento político: revela lo Real en la política, pero no logra construir una política Real. Frente a la renuncia gnóstica al mundo que Laruelle propone habría que oponerla a una ontología de la acción política, pero sin olvidar sus imperativos inmanentes y materiales.

La tecnología y el mercado de valores son armas del enemigo de las cuales la búsqueda por la emancipación no debe dejarse en manos de los  mismos opresores. Solo con una alianza prometeica entre el mercado de valores y un socialismo defensor de nuestras necesidades materiales es que el drama tecnológico en el que vivimos puede revertirse. La arma para realizar esta tarea puede encontrarse en las filosofías contemporáneas del materialismo especulativo cuya tarea es pensar la naturaleza de la contingencia, lo cuál es lo que rige el mercado de valores. Esta modalidad de pensamiento permite a la filosofía tener una voz poderosa al proponer un concepto de especulación que no se queda en la mera parálisis cognitiva, como se podría pensar que es el resultado de una aceleración imposible de contener, sino por el contrario ofrece una forma de pensamiento que nos permite pensar las abstracciones que rigen el capital.

La epistemología de Quentin Meillassoux puede ser controversial en el campo de la realidad material, pero no en el mercado de valores.  Su materialismo especulativo propone una revolución copernicana, en el sentido que Copérnico utilizó mediciones matemáticas para conceptualizar aquello para lo que no había instrumentos de medición. Mientras que aún no sabemos que conocimiento pueda ofrecer esta epistemología, y aun desconocemos si puede pensar lo absoluto y transgredir la cognición humana tal como propone Meillassoux, lo cierto es que el mercado de valores estamos seguro que el número rige su comportamiento. Desde que se hace uso de la geometría, que como su etimología lo indica se inventó para medir la tierra, la economía está regida por el uso del número. Tal como atestiguó Arquímedes en la antigüedad y Alan Turing en la modernidad, el poder del número, el número como poder, siempre ha sido un factor en el campo de batalla.

Esta encrucijada no es una respuesta fácil, pues el juego de poder entre la economía y el Estado tendría que tener a una disociación radical, pero tampoco es imposible, pues sería la culminación de la tendencia del capital de desterriorializarse, por decirlo en términos de Gilles Deleuze y Félix Guattari: el capitalismo es la disolución de todos los vínculos tradicionales, hace de la desterritorialización de personas, bienes y valores su modo de operar. La desterritorialización es a la vez lógica de la opresión y práctica de emancipación. La auto-destrucción del capitalismo es su propia esencia, su ausencia de esencia, una esencia que se autofagotiza. En vista de las prácticas económicas a las que nos ha llevado la era digital, es de esperarse acontecimientos dónde la lógica del capital rompa con la soberanía del Estado de manera mucho más disruptiva que la que hemos visto hasta el momento, lo cuál puede conllevar modalidades de soberanía inesperadas. Poco a poco empiezan a popularizarse transacciones sin la regulación de un banco, como son los blockchains, y que se popularice formas de dinero sin el sustento de un Estado, como las criptomonedas, son síntoma de que las finanzas se dirigen a modos de intercambio cada vez más desterritorializados.

Lo que decía Marx en el siglo XIX sigue siendo aún válido para nuestros días: aún no hemos visto nada de la devastación de la que es capaz el capitalismo. We are not in postmodernism anymore, Toto, escribe Nick Land, haciendo referencia a que si bien en la posmodernidad vivíamos en la burbuja de la simulación esta terminará estallando en nuestra cara, como para Dorothy desapareció Kansas de un momento a otro sin darse cuenta. Esto puede tener un efecto apocalíptico en la forma en que abordamos nuestras necesidades materiales si la lógica del capitalismo sigue su cauce. No hay más opciones que enfrentarnos a un escenario catastrófico.  Cualquiera que sea el resultado ¿es realmente sorprendente que la solución socialista tenga que pasar por los límites del capitalismo? ¿Acaso no es esto otra cosa más que la metafísica radical del socialismo?

 

Bibliografía

Deleuze, Gilles & Guattari. (1985). Anti Edipo: Capitalismo y Esquizofrenia. Barcelona: Paidos Ibérica.

Financial Crisis Inquiry Commission (2011). The Financial Crisis Inquiry Report, Authorized Edition: Final Report of the National Commission on the Causes of the Financial and Economic Crisis in the United States. New York: Public Affairs.

Kolozova, Katerina. (2015). Toward a Radical Metaphysics of Socialism: Marx and Laruelle. New York: Punctum Books.

Land, Nick. (2017). A Quick-and-Dirty Introduction to Accelerationism. Diciembre 2017, de Jacobite Sitio web: https://jacobitemag.com/2017/05/25/a-quick-and-dirty-introduction-to-accelerationism/

Land, Nick. (2012). Fanged Noumena. United Kingdom: Urbanomic.

Land, Nick. (2013). Suspended Animation. Shangai: Urbanatomy.

Lapavitsas, Costas. (2016). Beneficios sin producción: como nos explotan las finanzas. Madrid: Traficantes de sueños. 

Laruelle, François. (2015). General Theory of Victims. Cambridge: Polity.

Laruelle, François. (2015). Introduction to Non-Marxism. Minneapolis: Univocal.

Marx, Karl (1976). Grundrisse: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Madrid: Siglo XXI

Meillassoux, Quentin. (2015). Después de la finitud. Ensayo sobre la necesidad de la contingencia. Argentina: Caja Negra Editorial.

Srnicek, Nick & Wlliams, Alex. (2013). #Acelera. Manifiesto por una política aceleracionista. Noviembre 2017, de Comité Disperso Sitio web: https://syntheticedifice.files.wordpress.com/2013/08/manifiesto-aceleracionista1.pdf