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Distintos tipos de trópicos

Distintos tipos de trópicos

Usted consumirá los textos como si fuesen imágenes de instagram, segundos, pestañeos y relampagueos que no tienen una lógica lineal pero si un hilo conductor. Recuerde ponerle play a los enlaces.

Esa tarde húmeda en la montaña de Maokong me acordé del Trópico canicular de Occidente.

Y ahí estaba. Sentadito. En la casa del que fuera el caudillo por antonomasia de parte de la segunda mitad del siglo XX en Yucatán. Bajo una Ceiba, en un patio andaluz, cubierto de hojas. No quedaba más que humedad y verdín en un lugar que en algún momento era bello como la casa de los bisabuelos en Cuba. Nadie hubiera podido adivinar que era el feroz e imbatible Tío Pích. Me acerqué, no hablaba. Era como si fuera un muerto en vida. Con su camiseta "sport" sudada, bien rasurado, y una mirada fija a la nada. Dos minutos después, empezó a hablar y nunca entendí sí me hablaba a mí o a sí mismo—Todo era bello, nada le importaba a Guty decían. Nos bañábamos en los cenotes y comentábamos el libro nuevo de Miguel Ángel Asturias— me decía. De repente, se le nublaba la mirada, empezaba a tener cara de perro rabioso. Los ojos se le encendían, y comenzaba a decir viéndome a los ojos—Ahí le caí a patadas a esa rata traidora asquerosa. Lo único que me detuvo fue el ver que un coche se estrellara sobre un carrito de palomitas. Todo quedó impregnado de sangre, las palomitas y las paredes, jajajaja—me dijo riéndose con su acento yucateco—mira tu cara. A mí no me engañas con tu guayaberita blanca planchada, y las escuelas caras del extranjero que te paga tu papa. Tienes la misma cara de tatich violento de la familia. Ve y tráeme una Carta Blanca bien helada de la nevera hijueputita.

In between.

El Che Guevara viajó a Taiwán en 1967, no murió en Bolivia como dicen. Llego a Formosa con la finalidad de realizar varios procesos de Revolución en el este de Asia. Ahí se percató que los procesos de sociedades en evolución encuentran otras dinámicas en Asia. Aprendió a meditar y empezó a hacer yoga. Se enamoró por primera vez de algo que se separaba de los términos tradicionales. En Occidente Estados Unidos necesitaba un enemigo muerto, Cuba necesitaba burocratizar la Revolución, así que en Bolivia lograron un pacto, se inventaron un escenario para que cada uno lograra sus objetivos perennes, mientras el Che construía lo que dice el viento de Formosa: El Che vivió y murió haciendo una Revolución interna en Hualien, Taiwán en el año del 2015.

That day everything became red, like inside the guts of a Mexican buffalo.

Oriente.

Macauley Culkin

Eran las cuatro de la madrugada, estaba hospedado en un hostal para ewoks en Nagoya. No podía dormir, y no lograba avanzar con un libro hiperdescriptivo de Mo Yan que me tenía hasta la madre. Me levanté y me dirigí a un jardín zen que estaba cerca del hostal. Había frío pero se podía caminar, las fuertes bocanadas del monte Fuji . En eso vi a un güerito caminando enfrente de mí. Había una entrada de agua entre nosotros dos. Yo me quedé quieto y vi cómo se dirigía hacia donde yo estaba parado. En un par de minutos estábamos los dos sentados en una piedra gigantesca viendo un árbol de cerezos que apenas estaba floreciendo. Me dijo en inglés—Esta es mi hora favorita para caminar. Sobre todo acá en Nagoya donde nadie te habla a menos que tú les digas algo. Lo miré bien y se veía demacrado, pero tenía una voz que se me hacía conocida.

—¿De dónde eres?— me preguntó

—Nací en Yucatán, México. Pero llevo viviendo en varios lugares desde los dieciocho años, así que la verdad es que ya no sé a ciencia cierta de donde soy.

—Yo soy igual. Esta generación nos hemos vuelto los sin patria. Por cierto me encanta la horchata.

—Jajaja. A mí también.

Nos quedamos en silencio un rato viendo y escuchando como una madera se aporreaba haciendo un eco hueco entre los cerezos semipelones.

—Me llamo Macauley— me dijo. Yo lo observé un ratito y pensé "ya sabía que se me hacía conocido este cabrón". Le dije—Yo me llamo Raúl en México, en Taiwán donde ahora vivo tengo otro nombre. Sabes eras mi ídolo de niño. Tu película era mi mantra. Creo que después todo cambió para nuestra generación y de alguna u otra manera los que nacimos en los ochentas nos convertimos en la generación de la melancolía y del nuevo existencialismo—. Mi compañero asintió con la cabeza. Sacó un cigarro y lo prendió. Después de varios minutos le dije—ya me voy a mi hostal. Al final del día sigo siendo un yucateco y para mi seis grados es un poco como Siberia—nos reímos y él me contestó—eres la primera persona que me reconoce y no me pide una jodida (fucking) selfie—hizo un movimiento de hombros. Nos paramos los dos y tomamos rumbos diferentes, escuchando el ruido de las piedritas del jardín zen en nuestro caminar.