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El Demonio Neón; la forma más acabada de civilidad

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El Demonio Neón; la forma más acabada de civilidad

Pues nunca fue la moda sino la parodia del cadáver multiforme,
provocación de la muerte mediante la mujer, amargo diálogo en susurros.
Walter Benjaimin, 

La belleza no lo es todo;
Es lo único.
-The Neon Demon

En algún momento de El Demonio neón (Nicolas Winding Refn, 2015) me vino la idea o quizá fuera remembranza de que la moda en efecto es la forma más acabada de civilidad. La civilización en el amplio sentido que lo entendió y concibió la ilustración: Como búsqueda de perfección de la naturaleza y un individuo que bajo la (su) razón actúa. La misma civilidad que extermina la diferencia.

De principio uno se queda estupefacto ante la pulcritud de la fotografía en El demonio neón. Cinta de Nicolas Winding Refn (Drive y Only God Forgives).

El refinamiento es tal que hastía. Puede parecer un exceso innecesario pero a fin de cuentas estamos en una sociedad pulcra anti-fluidos y cuerpo que privilegia lo acético. Ahí el primer logro del filme. Uno podría ir a verla y simplemente gozar la foto, los cambios de iluminación y color con un paneo de cámara y la música de sintetizador que te suspende en una especie de limbo.

La cinta parte, encarna en y narra al advenimiento de Jesse  (Elle Fanning) de ingenuos dieciséis años y virgen, genuina, hermosa, natural al preciso y anticorporal mundo de la moda. Jesse pretende lo mismo que mil chicas más guapas que ella: ser famosas, redimir su pasado provinciano y modelar en Nueva York.

En la cinta poco importa Jesse como persona. No hay humanidad en la cinta. Las pasiones están en segundo o tercer plano en caso de que lleguen a estar. La historia de Jesse como modelo es la de una mercancía. La mercancía como ideal, como deseo, como útil, como intercambio, como fantasía y como promesa.

Las mercancías prometen satisfacción inmediata y la promesa implícita de que otra mercancía que supla ésta.  El mundo de la moda (como circulación de mercancía) se le abre naturalmente a Jesse. Con su corta edad ya es llamada a shooting, pasarelas y cocteles.

Quienes fueron las modelos anteriores ya maduras operadas frígidas y frustradas ahora están anonadadas de deseo o envidia de Jesse. Ésta, como buena occidental, disfruta su rápida incorporación a la moda y el desmoronamiento de sus ex-rivales. “Yo no quiero ser como ellos, ellos quieren ser yo.” Dice mientras se aparta de su pasado como joven provinciana.

La cinta superficial y excéntrica como se presenta es simple y banal: Una historia de éxito. La fórmula que en principio sigue atañe directamente a la novela de formación cuyo ejemplo más inmediato y esclarecedor es el “Retrato del artista adolecente” de James Joyce: Un joven que es sacado de su contexto y en el nuevo se supera a sí mismo para transformarse en adulto. Este esquema sirva en este caso como cruel sátira. Porque la modernidad permitía asentarse. Uno se realizaba o creía hacerlo. Hoy estamos en constate defensa y adaptación al mundo. “La existencia en el capitalismo tardío es un permanente rito de iniciación.” (T.W.Adorno)

Con Adorno podemos pensar ciertas posturas que aparecen como dadas en El Demonio Neón. La inquietud que genera el film es la de una objetividad. Todo sucede naturalmente. Pareciera que negar el cuerpo, ser amoral, tomar al otro utilitariamente y privilegiar el propio deseo inconmensurable por sobre todo fuera lo que es. Aquí es difícil tomar distancia frente a la cultura  en la que estamos inmersos.

La moda y la industria cultural apelan a los más básicos instintos pero en el nombre de la civilidad, lo correcto y bueno. “Se dice que las mujeres eligen su lipstick por nombres sexuales o de comida: ¿Tú qué eres, sexo o comida?” dicen en la cinta. Aunque el fin del lipstick sea la sofisticación del individuo en tanto epítome de civilidad, éste se aparece apelando a la animalidad del ser humano. Comer y reproducirse pero con estilo.

Como dije antes, falta lo humano. La cinta es recorrida por personajes que sólo son cosas que necesitan y desean. Como si la razón enfocada a ser mejores, competir y ganar los hicieran a todos estériles. Hay un vacío.

Se ha dicho que la cinta es terrorífica. Dicha afirmación puede referir a que sólo hay fantasmas en la película. Todas son mercancías. Son y se aparecen como deseo de otros, como fetiches, como fantasmas de un deseo que no es del cuerpo, sino del capital.

El cuerpo se cancela para sólo operar desde deseos ajenos. Deseos falsos que sólo se dan como mirada. No hay exceso sino contención de la voluntad para no perder decoro y ser desechado. El cuerpo desaparecido como deseo y temporalidad sólo se da como forma. Superficie a ser colocada en un espacio: la pasarela. Toda noción de sensación es borrada.

Esta falta de cuerpo en el filme llega al grado de la ninfomanía. Un cuerpo que es ya sólo carne –estéril– puede ser objeto de deseo por la simple complacencia ajena. Ahí no hay nada. Sólo consumo de un producto gratuito. El desecho reciclado.

Lo paradójico de la moda es que no hay nada nuevo. No es el principio por el cual se concibe la moda. Ésta es menos pretenciosa que el arte; sólo hay variación. Una instantánea y ligera diferencia que compite por segundos ante los ojos de la gente que entre la multitud observa.

Una vez que ves tu mercancía la consumes. Aunque el goce sea efímero lo haces pues ya vendrá otra. En el filme este proceso se lleva a sus últimas consecuencias. Las mujeres son moneda de cambio como superficie, la moral desaparece pues sólo son intercambios mercantiles y el arrebato animal que conlleva la instrumentalización del cuerpo y ausencia de juicio lleva a erradicar la mercancía a fin de haber menos competencia en el mercado.

Sugerencia de fotos:

http://cinescopia.com/wp-content/uploads/2016/09/3061243-poster-1920-the-neon-demon.jpg

http://www.elmulticine.com/imagenes/noticias/15/el-demonio-de-neon-pic.jpg

http://www.idolmag.co.uk/wp-content/uploads/2016/04/Screen-Shot-2016-04-19-at-01.17.27-e1461025506927.png

http://www.joblo.com/images_arrownews/neon-demon-carve-fb.jpg