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El héroe y el anti-héroe moderno. Una perspectiva desde “La Régle du Jeu” de Jean Renoir y Walter Benjamin

Gabriel Berber

“...Su caso es el drama de los héroes modernos.
Cuando están en el aire son maravillosos y
cuando vuelven a tierra, son débiles pobres,
vulnerables, son torpes como los niños.”
Octave

Hablar de La règle du jeu de Jean Renoir y de los escritos sobre París de Walter Benjamin es hablar de un tiempo intermitente y que se expone, a la vez, fotográficamente, es decir, un tiempo que se muestra con cualidades que se revelan contemporáneamente, cuadro tras cuadro, como un proceso que va determinando poco a poco los elementos por los cuales será mirado e interpretado. El tiempo que presenciamos en ambas obras es sintomático. Para llegar a esta revelación tanto Benjamin como Renoir implementan el montaje literario y el montaje fílmico como recurso formal y dialéctico para acoger la esencia de lo que fue el núcleo del siglo XX europeo.

Es 1939 año en que se desata la Segunda Guerra Mundial, circunstancia que propicia, un año más tarde, al ser la ciudad de París invadida por el ejercito Nazi, el exilio tanto de Renoir como de Benjamin, acontecimientos que llevarán a éste último al suicidio en Portbou, frontera Catalana, tras impedir su captura por paramilitares franquistas. Éste es el contexto donde los escritos de Los Pasajes de Walter Benjamin y el film La règle du jeu de Jean Renoir encuentran su génesis y montaje. Miradas criticas que estuvieron enfocadas principalmente a los vicios y padecimientos de una sociedad burguesa cuyo aglomerado heterogéneo de presentes y pasados, de mercancías y productos, de snobismos y fetiches, caracterizaron el tiempo que perteneció a los llamados héroes modernos.

Pero, ¿cómo es la relación existente entre la teatralidad de una burguesía decadente y el heroísmo del llamado hombre moderno? Habría que identificar primeramente al héroe que Renoir nos presenta, pues en La règle du jeu la figura de este héroe moderno gira entorno al personaje de Andre Jurieux el aviador, es éste precisamente el que nos da la pauta inicial y final de la historia. Podríamos decir que es el principio y fin del film así como de la idea del progreso mismo, ya que éste es el reflejo simbólico de lo que envuelve la idea de progreso como deseo. No por nada, en un acto místico y religioso, desciende del cielo y es alabado por una masificación de medios de comunicación, es la estrella que se nos presenta desde el inicio, vanagloriado mesiánicamente pero muerto en tierra y olvidado al mismo tiempo en que se efectúa su caída. Es el héroe de la musa, ya que su quehacer radica en la misma idealización del numen, pues es en el caso de Andre que llega a ser héroe precisamente en el momento de realizar un acto al idealizar un deseo a través de la musa, en este caso de Christine, quien a la vez es la extranjera, por lo tanto es el sujeto que se inserta en los hábitos de la modernidad, es parte consiente de lo que implica ser moderno y en La règle du jeu se reafirmará en cada escena ese autoreconocimiento aunque al final pareciese que se emancipa de sí mismo, éste no escapa de su ser personaje.

Pero ¿es Andre Jurieux la personificación misma de la modernidad, de ese 1939 Parisino? Demos un vistazo a su antítesis, al antihéroe de la historia Octave quien es interpretado por el mismo Jean Renoir. Es curioso como el mismo Octave identifica a Andre como el héroe, como su antítesis, no será ni la multitud de la sociedad quien lo designe sino el mismo Octave quien determina el porque Andre es un héroe moderno, pero también es el mismo Octave que se autonombrará como el antihéroe de la historia al definirse a sí mismo como el parásito social, como el mediocre y antiproductivo, será este mismo que al final del film, tras la muerte de Andre, sacará un trasposicionamiento al carácter de héroe trágico. Octave no solo cumplirá la función de antihéroe sino que será el artista mismo de la trama, no por nada el mismo Renoir es quien lo personifica, en este caso será el Marques, La Chesnaye quien lo denomine como Poeta en vez de un ser tonto, es en este sentido la personificación vívida del artista, el artista entrometido en la teatralidad de la modernidad, que en el caso de Benjamin se identificará en la figura del Dandy y en la del fláneur.

Si bien Andre, el aviador, cumple la función de principio y fin de la historia, Octave será el eje de la misma, Octave se moverá, paseará siendo el eje del movimiento mismo de los demás, este carácter lo podemos ver en el momento en que Octave quiere quitarse el disfraz de oso y se desplaza buscando quien le ayude a quitárselo mientras que los demás personajes se mueven a la vez sin hacerle caso mientras suena en el fondo la Danza macabra de Saint Saens, Octave y la muerte son el eje y la constante del mismo tiempo y acción del film uno como fantasma y otro como personaje, como teatralidad. También Octave es quien será ese fláneur Benjaminiano que paseará en el pasillo del castillo entre las habitaciones de los huéspedes, despidiéndose de todos antes de dormir, es en ambos casos el eje simétrico de la toma que pasea en una temporalidad entre pasado y presente donde la imagen desplegada se refleja a si misma.(1)

Existe dos tipos de despliegues entorno a lo que Renoir y Benjamin concibieron como aislamiento, y multitud. En La règle du jeu el aislamiento de la clase burguesa en un mundo propio, un mundo que dentro de la coliniere se despliega a la vez en las relaciones que juegan los criados con sus amos. Es en este caso la contra parte de la vida publica, de la multitud que caracteriza a la ciudad, a la metrópoli en donde la multitud opaca lo singular de la burguesía. Para Benjamin la personalidad del burgués estará inmersa en lo simbólico y en el carácter de mercancía misma, esto reflejado en la figura del Dandy que en Renoir estará inmerso en La Chesnaye aquel personaje de vida burguesa, con expresión amanerada y romántico por el fetiche, coleccionista de cabecera y enamorado de la virtud, es la personificación del snob, de lo teatral. Renoir esta muy consciente, al igual que Benjamin, de esta teatralidad que envuelve la época, el mismo carácter del progreso como artificialidad en La règle du jeu todo el tiempo esta presente, es la escenificación que revela el constante ir y venir de la vida en escena y la muerte como fin inmediato y último, entre esta tensión permanecerá la mentira como característica del mismo tiempo moderno, esto es ejemplificado al inicio de la película cuando Christine le dice a su criada Lisset: –¿Hay algo natural en nuestra época?– mientras se mira al espejo y hablan de amoríos, ya mas adelante ella misma contestará –La mentira es una prenda que pesa mucho al llevarla– es la prenda o la mascara que envuelve al actor en la escena moderna. Ya casi al final del film la sentencia que prevalecerá será la misma cuando Octave le dice a Christine: –… eso también es típico de nuestra época. Ahora todo el mundo miente. Los folletos de las farmacias, los gobiernos, la radio, el cine, los periódicos. ¿Como pretendes que nosotros los particulares , no mintamos?– refiriéndose al héroe moderno en este caso a Andre. Es aquí en esta escena donde se cancela la moraleja, el actor se da cuenta que ese ropaje que lleva no depende de el como singular sino que es él mismo parte de la obra, como mentira es parte del todo, Christine quiso quitarse ese ropaje, quiso emanciparse pero se da cuenta que ella misma es un ropaje es lo simbólico, una mercancía de lo temporal del progreso mismo, de ese –progreso exhibicionista– del que habla el General en el juego de cartas.

* Jean Renoir, La règle du jeu, Francia, 1939, film 110 min. Tras la guerra se extravió el negativo y sólo a partir de 1960 se ha podido reconstruir.

(1) Véase Deleuze Gilles, La imagen Tiempo,Ed. Paidos, 2010, pags. 116-122.