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La revocación de la palabra. Sobre “Adiós al Lenguaje” de Jean Luc Godard

La revocación de la palabra. Sobre “Adiós al Lenguaje”  de Jean Luc Godard

Según los comités de ética la forma más efectiva de resolver los conflictos humanos de manera pacífica es por medio de la comunicación que nos brinda el lenguaje. Nada es más falso. El hombre es un ser torturado en la cárcel del lenguaje. Hay sujeto debido a que el animal humano no está hecho a su medida: siempre hay residuos o faltas que lo mutilan. Para que la palabra sea inscrita en la carne una parte de esta debe ser sacrificada ya que no hay una armonía preestablecida entre ambas.

El pensamiento del siglo XX quedó marcado por lo que se ha llamado un giro lingüístico. A partir de que se tomó conciencia de las trampas que nos hace caer el lenguaje entró en crisis el pensamiento moderno. La mayoría de los debates contemporáneos giran en torno a que hacer frente al hecho de que hay una disyunción entre la formas de representación y lo que se busca representar. “Adiós al lenguaje” es la intervención de Jean-Luc Godard pensando el lenguaje en contra del lenguaje con una violencia revolucionaria: una destrucción que busca una realidad más allá del orden de lo simbólico, a través de una poética visual hostil a la mirada gracias a su uso del 3D.

Desde sus obras de finales de los sesenta y lo setenta, que hacen un esfuerzo por realizar una semiótica de la imagen, hasta su penúltimo largometraje, “Film socialisme”, el cuál en su presentación en el festival de Cannes los subtítulos tenían un lenguaje empobrecido, una especie de bálbuceo en inglés 'navajo' imitando las limitantes con que se expresan los nativos norteamericanos, Godard ha mostrado un interés muy particular por las consecuencias de los conceptos determinantes del giro lingüístico en el cine.

Ya que no hay armonía entre imagen y palabra, cuando el cine se hizo sonoro se le mutiló su universalidad y fue fragmentado en filmografías nacionales, dejándolo como testigo de la torre de Babel que es nuestro mundo globalizado. “Adiós al lenguaje” es en este sentido una crónica de una lucha por entendernos los unos a los otros a pesar de nuestras limitantes, en esta ocasión visto a través de una pareja que ya no logra comunicarse, teniendo como resultado no solo la ausencia de amor sino inclusive una violencia reaccionaria ante su impotencia.

¿Qué hay más allá del lenguaje? Sí volteamos hacía arriba, veremos un cielo platónico donde reinan las matemáticas, las cuales no conocen antagonismos, solo demostraciones. Pero Godard utiliza las palabras de un escritor cínico para descalificarlas, Louis-Ferdinand Céline: “Lo abstracto es fácil. Es el refugio de una persona floja. Aquellos que no trabajan están desprovistos de ideas generales y generosas. Lo que es mucho más difícil es poner lo abstracto en lo concreto.” No le interesa la sublimación. Debajo de la tierra está la locura, ese estado mental dónde no existen las metáforas, pero Godard prefiere mostrarnos nuestras patologías de manera consciente: ya hay suficiente dolor esquizofrénico en este mundo de autistas. En cambio si se mira a los lados el único conjunto de seres que podemos observar fuera del lenguaje son los animales. Siendo la ontología cinematográfica cercana a la sabiduría estoica que prefiere las superficies a los cielos inalcanzables y a las profundidades tormentosas, no nos debe sorprender la elección de Godard.

El ojo científico y filosófico nunca espera que el animal examine al examinador, sin embargo es eso lo que propone Godard en la presentación más contundente de su personaje principal, Roxxy Miéville, la perra que comparte con su esposa. Viendo Roxxy directamente a la cámara, Godard cita a Paul Valery en un lenguaje escrito y silencioso, sin voz: “Nadie puede pensar si sus ojos están fijos en la mirada de otro. Tan pronto como se fija la mirada, no hay exactamente dos de nosotros. Mantenerse solo es difícil.” Las ideas recogen la vida de las criaturas no para revelarla, ni para abrirla al lenguaje humano, sino para presentar su mutismo y por lo tanto la clausura del pensamiento mismo. Pero no sólo eso, en el caso de los perros su mirada es amorosa: “Darwin, citando a Buffon, afirma que el perro es la única criatura en la Tierra que te ama más de lo que se ama a sí misma.”

¿Cómo pensar la existencia de aquello que observa y ama pero es incapaz del pensamiento abstracto? Heidegger entendía al animal como un ser aturdido: al no tener un lenguaje abstracto para pensar es incapaz de entrar en relación consigo mismo y con los entes que lo rodean. Sin embargo, aunque su ser no sea revelado para sí mismo, el animal tiene una relación con lo abierto, una apertura sin desvelamiento. El animal, a diferencia de la piedra, se abre al mundo, pero sin pensamiento; a diferencia del hombre, no tiene acceso al ser, sin embargo su pobreza contiene una grandeza casi desconocida: la manera en que Godard retrata a Roxxy abre la puerta al exceso de sentido, a que este se presente en lo abierto, en una presencia pura y sin mediaciones. El milagro de “Adiós al lenguaje” no son sus complicadas reflexiones -ya bien conocidas para quién conoce la obra de Godard- sino que a través del animal nos confiere el sentido del mundo sin añadirle significaciones ajenas a su transcurrir. A diferencia del cine contemplativo, Godard ha entendido que había que enfrentar el lenguaje de frente para revocarlo dialécticamente: no nos da tan sólo un paseo bucólico por la naturaleza, sino que nos muestra la violenta negación por la que hay que transcurrir para superar la pulsión humana de significar el mundo.

Esa violenta negación tiene una sorpresa: un mutismo que abre la posibilidad de adentrarnos en el misterio del amor. Mientras por un lado vemos la incapacidad de una pareja por comunicarse, por el otro vemos la apertura de Roxxy frente al mundo, representando lo que tiene una existencia casi nula: la posibilidad de serles fiel a un encuentro con tal coraje que se convierte en una verdad que le da una directriz a nuestra existencia. Tal verdad que no se puede representar para el pensamiento ya que siempre es dicha a medias. El amor es lo que no se puede demostrar -desde Platón sabemos que no hay declaración de amor que valga- ni para las fantasías narcisistas que convierten a nuestro prójimo en algo distinto a lo que es, mutilando así nuestro objeto del deseo. El amor es lo que le da un sentido a nuestras acciones y sacrificios más allá de la muerte del sentido: una despedida de nuestro fetiche por los significados, pero al mismo tiempo una bienvenida a la posibilidad de construir un mundo nuevo en la colisión estelar de dos singularidades.