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Leviatán. O de la desantropologización

Leviatán. O de la desantropologización

Una jaula fue a buscar un pájaro.
Aforismos, Franz Kafka.

En más de las veces la imagen se va escurriendo. Se remoja e inunda hacia un interior digestivo, mecánico, constante que amasa y engulle toneladas de vida marina. El horizonte marítimo es ingerido. Como una sombra navega “en esta parte acuática” la cual es oscurecida por estas fauces. Demeritada en su materia, realiza un viaje al interior (la cámara). La imagen navega en este interior pestilente, donde el deshecho es la complitud y el ritmo navegante su premura.

Sin horas de la noche, la ballena-barco habita el mundo, pero ¿de qué manera? Lo va habitando deshabitando. ¿Sospechamos sí este devenir ballena es más barco que ballena o más barco que el Leviatán? Es el devenir barco- ballena como límite que desborda lo político, es el fin de la polis donde lo que gobierna es gobernado: auténtica llamada al fin del mundo porque en este devenir sus imágenes y evocaciones son aves que devienen junto al mar animales carroñeros, las cuales acompañan a esta ballena al fin de los tiempos. Es un devenir oscuro, negativo. La naturaleza deviene involuntad necrófaga deudora de este sistémico estomago marítimo.

El capital se ha vuelto un puro sistema que no puede detenerse ante él mismo. Podrá interrumpir cualquier otro sistema, pero el así mismo no puede suspenderse,no da respuesta de sí mismo, ya no hay corresponsabilidad, ¡ha clausurado esta facultad!

Estas relaciones entre la vida y nosotros, el mundo y su dinámica, nos propone un nuevo mapa marítimo trans-antropológico. Si el documental históricamente plantea la relación del hombre en un entorno inscribiendo una mirada antropológica aquí sucede lo contrario. Aquí se presenta el hombre para destronarlo, no es ya el hombre al que vemos ante nuestra mirada, ha sido desplazado, y el documental es más una desantropología de la vida y del hombre. Lo que se pronuncia es el Leviatán súper moderno que restituye el fin de los tiempos.

El Hombre aquí no es el centro del mundo. Se han trazado distinciones, ya que en este mar el hombre ha sido borrado, igualmente ha sido engullido y reducido a una parte del mecanismo digestivo de esta ballena-barco. Pero al mismo tiempo, el mar mismo está siendo borrado en aras de ser un mero depósito de desperdicios industriales-orgánicos. Su vida es de inmediato capturada para ser partícula, materia orgánica-inorgánica, basura-carroña. Las latas de sodas y cabezas de pescados son sacadas y pronto devueltos al mismo mar. Es ahora el mar-desierto al que se zambullen torrentes sanguinolentos, pintando su fondo. Materia roja y ciega. No hay metáfora, este barco-ballena es el Leviatán.

Este despojamiento del lenguaje también da sus señales claras. No hay palabra dicha; los hombres trabajan desprovistos de habla, sólo pasan por ellos las instrucciones imperativas y operativas del organismo para mantener la continua pesca masiva. No hay diálogo alguno. ¿Que mundo es este donde no puede pronunciarse ya la palabra? Solo es el lenguaje de la operación que produce la operación misma. Paroxismo infernal.

Exiliados del lenguaje y de la poesía, esta tripulación muda, habita y navega el Apocalipsis sin saberlo, lo renuevan día a día sobre el mar, al que se le aspira la vida en la noche de los tiempos. Ya sin redención, buscan el día sin nombre y sin tiempo; viven sin poder decirlo: este amanecer del día primero del último amanecer.

¡Cámara sin ojo o cine sin ojo!

La cámara ya no tiene ojo, se ha desprendido del ojo humano y captura ya sin el. La cámara parece ser una ave acompañando a la parvada. ¿Será el final de la mirada humana, o es acaso el espejo de esta des-antropología donde tampoco el ojo humano filma? o ¿estamos frente el advenimiento de una imagen de otro orden, de otra naturaleza, la cual es más un devenir cámara-pájaro?

Pero así mismo, este devenir aéreo donde el ojo humano ya no está filmando, se encuentra igualmente un devenir cámara-pez. La película es una conexión o conjugación de estos devenires entre el cielo y el mar. La mirada de esta cámara sin ojo se levanta desde las profundidades hasta el cielo y viceversa, es una entrada y salida de un punto al otro. Un devenir que va a otro, visión aérea-visión marítima. Vaivén donde la imagen queda liberada de la mirada humana, lista para captar las partículas: gotas, plumas, oleajes, brisas, ventarrones, brisa salada, aire remojado. Es un sistema de cámaras que se conectan y desconectan entorno a este barco-ballena. El punto más alto es un cielo que cae y revolotea; es ya la cámara total en su puro funcionamiento, que también se desborda como puro movimiento-ala y movimiento-aleta.

Entre estos devenires se encuentra el documental, el cual ya no opera como tal. El documental va hasta sus últimas consecuencias, ya que genera otras conexiones con la realidad que captura. La realidad se determina por recorridos entre sus partes desconectadas, como es la correspondencia con el interior y lo exterior, haciendo de estos un interior en el interior y un exterior en el exterior. Todas la sensaciones que provee son un corto circuito entre un desbalance, una disyuntura entre entornos. La cual el diseño de audio potencializa, ya que este parece encapsular la imagen en un constante flujo marino y un flujo aéreo. Estos flujos quedan compenetrados, no distanciados, no hay distinciones. No remiten a lo que vemos, sino al comportamiento de las partículas. Un oído no humano también se advierte aquí. Un plano acústico remueve toda la imagen como un fluido sonorizante.

Esta desconexión visual desplaza la imagen para asumir sus desconexiones, ampliando el horizonte del documental siendo que éste, ha sido quebrado y recobrado. En este descarrilamiento podemos ver ahora la imagen de la des-antropología para visualizar ahora al hombre partícula.