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¿QUIÉN ES LA MAQUINA?

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¿QUIÉN ES LA MAQUINA?

El cinematógrafo nos indica que lo continuo y lo discontinuo, el reposo y el movimiento, lejos de ser dos modos de realidad incompatibles, son dos modos de realidad fácilmente intercambiables, dos de esos “fantasmas del espíritu”, cuyo conocimiento Francis Bacon hubiera deseado purgar, con le riesgo de no dejar nada en absoluto. En todas partes, lo continuo sensible y lo continuo matemático, fantasmas de la inteligencia humana, pueden sustituir o ser sustituidos por el discontinuo interceptado por las maquinas, fantasmas de la inteligencia mecánica. Ya no hay algo exclusivo entre ellos, como no lo hay entre los colores de un disco detenido y el blanco del mismo disco en rotación. Continuo y discontinuo, reposo y movimiento, color y blanco, juegan alternativamente el rol de la realidad, la cual nunca es, aquí como en otra parte, mas que una función.

Aquí también, esta maquina que estira o condensa la duración, que demuestra la verdadera naturaleza del tiempo, que predica la relatividad de todas las medidas, parece provista de una suerte de psiquismo.

Pero el cinematógrafo deja adivinar que no hay mas realidad en los aspectos materiales de los que hay en las apariencias espirituales; que pasamos mecánicamente de los primeros a los segundos, o viceversa, por simples contracciones o extensiones del tiempo.

El cinematógrafo es uno de esos robots intelectuales, todavía parciales, que, con la ayuda de dos sentidos foto y electromecánicos y de una memoria registradora fotoquímica, elabora representaciones, es decir un pensamiento, en el que se reconocen los marcos primordiales de la razón, las tres categorías kantianas de lo extenso, de la duración, y de la causa. Este resultado seria ya notable si el pensamiento cinematográfico, así como lo hace el de la maquina contable, solo se construyera a imitación servil de la ideación humana. Pero sabemos que el cinematógrafo marca, por el contrario, su representación del universo con caracteres propios, con una originalidad que hace de esta interpretación no un reflejo, una simple copia de las concepciones de la mentalidad-madre orgánica, sino un sistema diferentemente individualizado, en parte independiente, que contiene en germen el desarrollo de una filosofía que se aleja bastante de las opiniones corrientes, por lo cual quizá convenga llamarla antifilosofía.

No es entonces tanto que el hombre o su maquina descubran una realidad que seria preexistente, sino, mas bien, que la construyen según las reglas, mas preestablecidas, matemáticas y mecánicas, del espacio-tiempo. La realidad, la única realidad concebible, no es pero se realiza, se hace, o mas exactamente, hay que hacerla. Eso solo es posible en el marco preconcebido, determinado por la construcción del operador encargado de hacer trabajar la formula, es decir del aparato pensante, sea humano o inhumano.

Lo real extremo ya no existe como punto sustancial, sino como grupo de formulas algebraicas que delimitan o, hablando de manera mas exacta, crean cierta región de espacio, completamente ficticia, que es el lugar de esta realidad a la que nadie puede aproximarse mas.

Condiciones en las cuales la realidad esta eventualmente autorizada a producirse

 

Jean Epstein. La inteligencia de una maquina. Una filosofía del cine. 1946.