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Senderos / El estado de las cosa

Senderos / El estado de las cosa

Senderos es un documental que ha tomado a su director 4 años terminar. Como parte de ese proceso escribió esta confrontación entre posturas filosóficas desde el punto de vista de la teología política. Aunque en la actualidad le parece una dialéctica absurda y un juego de citas maniático, nos mandó estos textos por el valor que quizá alguien interesados en los temas tratados les puedan resultar útiles.

EL ESTADO DE LAS COSAS

Guy Debord: ¿Cómo pensar el mundo en imágenes? ¿Qué relato fuera de las fantasías nos ofrece el mundo? La respuesta es que ninguno: la falsedad es lo fundamental de la imágenes, su falta de esencia el principio por el que debemos de pensarlas. Sin embargo no podemos decir que lo falso no tenga efectos concretos, tanto así que es a partir de estas que podemos pensar los intercambios simbólicos que sustentan las sociedades contemporáneas. Las imágenes que ha fabricado el hombre brindan un vínculo social falso, una sociedad del espectáculo. El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes. El espectáculo es la afirmación de la apariencia, es la negación visible de la vida, una negación de la vida que se ha hecho visible. Del automóvil a la televisión, todos los bienes seleccionados por el sistema espectacular son también las armas para el reforzamiento constante de las condiciones de aislamiento de las "muchedumbres solitarias". No es más que una imagen de unificación dichosa, rodeada de desolación y espanto, en el centro tranquilo de la desdicha.

Espectador: Si comenzamos por pensar el mundo a través de su falsedad, si no hay imágenes que nos lleven a la realidad, si la belleza es solo el brillo que se les da a mercancías para seducirnos, entonces pensar el mundo comienza con la decepción. El asombro frente al mundo no sería más que una ilusión. ¿Qué opciones entonces nos queda para habitar este mundo lleno de imágenes falsas? ¿Cómo darle sentido a nuestras vidas?

Guy Debord: Mi intención es crear una conciencia de las falsedades de la sociedad, empujar al hombre a que salga de su alienación para impulsarlo a que se lleve a cabo una revolución política. Mis críticas nunca han tenido otra intención.

Cinismo: Sin embargo hemos visto que tu crítica ha envejecido: por lo menos desde los años sesenta el pensamiento crítico ha intentado despertar las conciencias sin lograr cambiar en nada la sociedad actual. Así pues, tu pensamiento no es más que una falsa conciencia ilustrada: todo se ha desenmascarado y aún así nadie hace nada, la escuela de la sospecha no ha servido de mucho. Al carecer de ilusiones y al mismo tiempo de un proyecto de mejoramiento del mundo sustentable, nos convierte a los pensadores críticos en cínicos que dicen una cosa y hacen otra.

Guy Debord: El problema que tú planteas no se lo debes de atribuir al pensamiento crítico, sino a la sociedad del espectáculo. Por desgracia, la sociedad del espectáculo es algo que abarca todo lo social. Todo lo que toma una relevancia social termina convertido en un modo de distracción, la imagen falsa prevalece sobre lo verdadero, hasta el punto que lo verdadero no es más que un momento de lo falso.

Jacques Rancière: ¿La sociedad del espectáculo lo abarca todo? Con ese pensamiento todo lo que se logra es clausurar lo político, lo cual entra en contradicción con lo que dices que son tus intenciones. Lo que tú dices en realidad es una creencia en que la sociedad del espectáculo pone fin a los conflictos sociales y por lo tanto también a la historia. Pero el presente y la misma historia niegan esa idea. Es cierto que las protestas en contra de las atrocidades de las sociedades capitalistas se han convertido en un espectáculo a partir de un gesto de tolerancia represiva: puedes decir lo que quieras, inclusive lo puedes decir en la televisión, siempre y cuando sigas obedeciendo. Tal es el mensaje que nos dan los medios de comunicación. Sin embargo a pesar de esto no debemos de negar un principio: toda lucha política empieza con la afirmación de que no hay una sola realidad, que el mundo que nos muestran los poderes dominantes no es la única visión del mundo, sino que es algo que puede entrar en controversia. Esto es por donde empieza un proyecto de transformación política: reencuadrar el mismo campo de lo dado, de lo sensible, de lo inteligible, y consecuentemente, de lo posible. Se trata de hacer un corto circuito en la única visión del mundo con una visión de varios mundos distintos que entran en conflicto con esta visión dominante.

Alain Badiou: Cuando se declara que lo verdadero es solo un momento de lo falso se le quita toda posibilidad de acción política al ser humano. Lo que caracteriza la Idea revolucionaria es precisamente la concepción que hay verdades políticas y que una acción política es en sí misma una lucha prolongada de lo verdadero en contra de lo falso. Verdad, ¿pero de qué? La verdad del hecho que, encima de sus intereses vitales, los animales humanos son capaces de traer la justicia, igualdad y universalidad. Tu pensamiento, que intenta clausurar la verdad, más bien ha sido partícipe en la decepción generalizada de una juventud que ha perdido la capacidad de unirse para un propósito mucho más grande que la de sus intereses particulares.

Escepticismo: ¿Verdad? La noción de verdad ha sido desastrosa para el siglo XXI. Cualquier articulación de un proceso político con la noción de verdad nos sumerge en una presunción totalitaria. En la política no hay nada más que opiniones, si hay una verdad, ésta necesariamente envuelve la opresión, elitista en el mejor de los casos, terrorista en las peores. En realidad los conceptos de igualdad y justicia tienen su propia historia, una historia que, por lo general, es bastante breve. Hoy, todo el mundo sabe que la desigualdad está mal. Hace un siglo, todo el mundo sabía que el sexo homosexual estaba mal. A medida que la opinión convencional vaya siguiendo su curso, al actual consenso igualitario le seguirá una nueva ortodoxia, igualmente convencida de encarnar la verdad moral más inalterable. La justicia es un artefacto de la costumbre. Allí donde las costumbres no son estables, los dictados de la justicia quedan pronto anticuados. Las concepciones de la justicia son tan atemporales como la moda de los sombreros.

Alain Badiou: Una verdad es algo que existe en su proceso activo, que se manifiesta a sí misma cómo verdad en diferentes circunstancias marcadas por este proceso. Las verdades no son anteriores a los procesos políticos, no se trata de confirmarlas o aplicarlas. Las verdades son la realidad en sí misma, cómo un proceso de producción de novedades políticas, consecuencias políticas, revolución políticas, y así sucesivamente. Algunas políticas en la historia han tenido o tendrán una relación con una verdad, una verdad de lo colectivo como tal. Son tentativas poco frecuentes, a menudo breves, pero son las únicas bajo cuyas condiciones se puede pensar una ruptura con el estado de las cosas. En el mundo confuso y caótico de hoy donde el Capital parece triunfar, pensar no será una tarea fácil. Identificar los raros momentos en que se construye una verdad política, sin dejarse desanimar por la propaganda del capitalismo es de por sí un ejercicio tenso del pensamiento. Pienso entonces que hay que repensar por entero la política. Estoy convencido de que estamos en el principio de un largo período de recomposición, no sólo de una política sino de la idea misma de política. Se trata de producir y organizar en el pueblo rupturas, desarrollos de la capacidad e iniciativas que valdrán por sí mismos. Para ello será necesario que suceda un acontecimiento que haga una ruptura radical con el estado de las cosas. Pero la condición para que este acontecimiento sea una ruptura duradera tendremos que pensar un compromiso colectivo que no sea heroico, entendiendo el héroe cómo la figura que es capaz de estar cara a cara con lo imposible. Lo que en realidad se necesitará será coraje: la virtud de resistir lo imposible en una duración diferente de la impuesta por la ley del mundo.

Espectador: Ese compromiso del que tú hablas requiere un llamado ético al que las personas tienen que responder. ¿Por qué hacerlo cuando es más fácil seguir siendo individualista? ¿Por qué deberíamos de poner en riesgo nuestra paz y libertad?

Frederich Nietzsche: Si dejamos triunfar al estado de las cosas actual llegará el tiempo en que el hombre no dará ya a luz a ninguna estrella. Llegará el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a sí mismo. ¡Mirad! Yo os muestro el último hombre “¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el último hombre, y parpadea. La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive. “Nosotros hemos inventado la felicidad” ­-dicen los últimos hombres, y parpadean. “En otro tiempo todo el mundo desvariaba”- dicen los más sutiles, y parpadean. Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia -de lo contrario, ello estropea el apetito. La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche. “Nosotros hemos inventado la felicidad”- dicen los últimos hombres, y parpadean.


Bibliografía:

Badiou, Alain. El despertar de la historia

Badiou, Alain. Filosofía, ética y politica

Badiou, Alain. ¿Qué representa el nombre de Sarkozy?

Critchley, Simon. La demanda infinita: La ética del compromiso y política de la resistencia

Debord, Guy. La sociedad del espectáculo

Gray, John. Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales

Nietzsche, Frederich. Así habló Zaratustra

Rancière, Jacques. Misadventures of universalism