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Senderos / El universalismo del cristianismo

Senderos / El universalismo del cristianismo

para toda la humanidad, sin excepción alguna. No importa la identidad particular de nadie, no se privilegia un pueblo o una raza: el cristianismo es en ese sentido una religión igualitaria que no distingue diferencias culturales o sociales. Es uno de los momentos del pensamiento humano donde se funda lo que entendemos por universalidad: una apertura que es capaz de atravesar fronteras.

Alain Badiou: Qué claro suena el enunciado de San Pablo, sumamente asombroso cuando se conocen las rígidas reglas del mundo antiguo: “Ya no hay distinción entre esclavo o libre, entre varón o mujer” (Gal. 3, 28) ¡Y cómo resuena en nosotros que la verdad , y el Bien por el servicio que esta verdad exige, conviene la máxima “Gloria, honor y paz para los que hacen el bien: para los judíos, desde luego, pero también para quienes no lo son, pues en Dios no hay lugar a favoritismos.” (Rom. 2, 10)

Cuando hay un evento masivamente popular, este tiende por su propia naturaleza destruir la categoría identitaria y los nombres separadores ligados a esta. Lo que observamos en este evento es una verdadera presentación, la afirmación que existe la gente que está ahí y están actuando juntos, cualquiera que sea el nombre dado por el Estado. Todas estas personas representan la totalidad de la humanidad. Han construido una acción donde la categoría identitaria ficticia es inoperante, inclusive abolida, no es la identidad lo que cuenta, si no la no identidad. Poco importan sus diferencias culturales, ya que todos están unidos para lograr un mismo propósito. En una peregrinación se viven una gran cantidad de imágenes folclóricas, relatos incompatibles de identidades múltiples, sin embargo al final lo que importa es la unión de discrepancias culturales, la ausencia de su importancia. El entusiasmo creado por una peregrinación está precisamente ligada con esta pasión por lo universal, a la que uno debe dar crédito a las personas aparentemente más ordinarias.

Posmodernidad: Existen una serie de problemas con tu enfoque universalista. El universalismo reduce la libertad del hombre. El universalismo presupone una esencia humana compartida, y esta presuposición lo hace una camisa de fuerza, un intento por forzar a la gente a conformarse con un patrón externamente impuesto. Intenta borrar las particularidades y las multiplicidades inherentes al hombre, por lo que se puede volver una forma de pensar represiva ya que busca dominar la totalidad de la realidad. Este intento del universalismo de abolir la diferencia puede traer resultados catastróficos. El hombre y la mujer necesitan encontrar la riqueza en nuestras diferencias, rechazar el comando de ser humanos que se ha transmitido durante siglos, desmistificar las estructuras inmóviles con que se piensan los conceptos de hombre y mujer: fragmentar el concepto de lo que es lo humano, desbaratarlo hasta que sea capaz de pensar todas las particularidades del ser humano o desaparezca. La diferencia debe ser nuestro único valor hoy en día. Y debe ser nuestro único valor si no queremos perecer a través de guerras étnicas. Solo un gran respeto por la diferencia del otro nos puede salvar de cometer los errores del pasado que han llevado a guerras desastrozas. El “hombre” es tan solo una manera de indicar una diferencia y en su diferencia puede convertirse relevante a los otros, pero ciertamente no debido a su esencia.

Benjamin Arditi: En realidad, exaltar las diferencias culturales encima de la universalidad es algo que ha tenido efectos negativos al momento de articular posibles resistencias a un orden establecido. La celebración de la diferencia abre un escenario de acción y una manera de concebir las intervenciones políticas que lo hacen más difícil forjar vínculos horizontales entre grupos particulares. Esta guerra entre grupos que defienden su identidad particular desplaza la política dentro de una moralidad e hizo que el pensamiento progresista se ocupara menos de la explotación económica y la desigualdad de clases. Finalmente mitigó su borde radical, dado que los defensores de la diferencia eran críticos de la política liberal democrática, pero se sintieron bastante cómodos en tomar acciones dentro de sus propias reglas. Este endurecimiento de las diferencias subvirtió la naturaleza de la solidaridad como un medio de reunir diversos pueblos contra la opresión.

Giorgio Agamben: ¿Pero es el universalismo el verdadero legado del cristianismo? A mi no me parece que sea así. La venida de Dios por medio de su hijo Jesucristo implica una división de un orden social y espiritual previo para fundar uno nuevo. El advenimiento de la nueva verdad cristiana implica una separación del imperio romano. Pongamos las cartas de San Pablo como ejemplo. Para San Pablo no se trata de «tolerar» o de trascender las diferencias para encontrar más allá lo idéntico y lo universal. Lo universal no es para él un principio trascendente desde el cual contemplar las diferencias —Pablo no dispone de tal punto de vista— sino una operación que divide las divisiones identidarias mismas y las hace inoperantes, pero sin que por ello se alcance una identidad única última. En el fondo del judío o del griego no existe el hombre universal o el cristiano, ni como principio ni como fin: ahí hay sólo un resto. El resto permite situar en una perspectiva nueva nuestras nociones de pueblo y dcmocracia. El pueblo no es ni el todo ni la parte, ni mayoría ni minoría. El pueblo es más bien lo que no puede jamás coincidir consigo mismo, ya que toda comunidad implica que haya conflictos internos. El desacuerdo es la esencia de la política, y este desacuerdo implica una división, nunca una totalidad.

Alain Badiou: La cuestión de la división pertenece a la cuestión del universalismo. No hay una contradicción entre los dos. Cuando una división es concebida como una cerradura, como una división cerrada, cuando completamente te separas a ti mismo, de tus enemigos, de lo nuevo y lo viejo, entonces esto no es en lo absoluto el universalismo. La formación de una nueva particularidad, un nuevo grupo cerrado, lleva exactamente, por tomar un ejemplo, al anti-semitismo. Hay en San Pablo una interacción entre la división y el universalismo. Para San Pablo, hay ciertamente una separación necesaria para su universalismo ya que nos hemos dividido a nosotros mismos del hombre viejo. De esta separación hemos encontrado una novedad de vida. Pero se mantiene un universalismo ya que no hay límite para esta división, no hay cerradura. La concepción paulina de la iglesia no es en lo absoluto la realización de una división cerrada. En vez de esto, propone algo que está abierto para todos, una determinación colectiva, la realización de una separación en un campo universal. Así que hay naturalmente para Pablo, en el proceso del universalismo, algo así como una división pero esta división es interna al sujeto mismo. No es una división externa entre el sujeto y otros, sino una división en el interior del sujeto. Todo sujeto debe cruzar una división íntima entre el hombre viejo y el hombre nuevo, entre el poder de la muerte y el poder de la vida.


Bibliografía:

Agamben, Giorgio. El tiempo que resta. Comentario a la carta a los Romanos

Arditi, Benjamín. La política en los bordes del liberalismo: diferencia, populismo, revolución, emancipación.

Badiou, Alain. San Pablo. La fundación del universalismo

Badiou, Alain. El despertar de la historia

Miller, Adam S. An Interview with Alain Badiou. “Universal Truths & the Question of Religion” en: http://www.philosophyandscripture.org/Issue3-1/Badiou/Badiou.html

Szymanski, Ileana F. Interview with Gianni Vattimo en http://www.uca.edu.sv/filosofia/admin/files/1207324612.pdf

Vattimo, Gianni. La sociedad transparente

Zizek, Slavoj. Less than nothing: Hegel and the shadow of dialectical materialism