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Senderos / Las paradojas del amor al projimo

Senderos / Las paradojas del amor al projimo

Documentalistas: Lo que los peregrinos llaman "divina providencia" no es una confianza depositada en un Dios trascendente, sino una confianza en la solidaridad de aquellos que hacen posible sus peregrinaje: las personas que hacen un sacrificio por alimentarlos. Si tomamos en cuenta que el 2 de febrero de cada año llegan 700,000 peregrinos, estamos hablando de una acción altruista que habla de una actitud ética digna de admirarse y que nos obliga a pensar en el poder de los sustentos del cristianismo. Es en este acto altruista donde vemos que se manifiesta con mayor fuerza un amor al prójimo.

El fracaso por interrogar y desarrollar el concepto de amor es una de las razones centrales de la debilidad del pensamiento contemporáneo. Solidaridad, cuidado de los otros, crear una comunidad y cooperar en común es para los peregrinos un mecanismo de supervivencia esencial durante su camino. La verdadera esencia de los peregrinos no son sus carencias sino sus poderes. Cuando se agrupan, cuando forman un cuerpo social que es más poderoso que nuestros cuerpos en soledad, estamos construyendo una dicha, es decir, el incremento de actuar y pensar juntos con el reconocimiento de una causa externa. El amor es la producción de una vida en comunidad que siempre apunta hacía arriba, buscando crear con cada vez más poder hasta el punto de involucrarse con el amor de Dios, es decir, el amor a la naturaleza como un todo, lo colectivo en su figura más expansiva. Cada acto de amor es un evento que marca una ruptura con un ser existente y crea un nuevo ser. El Ser, después de todo, sólo es otra manera de decir lo que es ineluctablemente colectivo, aquello que se niega a ser privatizado y se mantiene constantemente abierto a todo.

Liberalismo: No creemos que el amor sea la respuesta para mejorar al mundo. Al contrario, el amor es una fuerza que, al fijarse en una comunidad, crea una separación entre los hombres. Desde esta perspectiva podemos decir que populismos, nacionalismos, fascismos y varios fundamentalismos religiosos no están basados en el odio sino en una forma de amor. El amor es un engaño que se nos brinda para ejercer cierto poder sobre nosotros. El amor es fundado sobre la familia ya que es por medio de esta institución que el hombre es formado para moldearse a las necesidades de la sociedad. El amor a la patria no es más que un llamado al sacrificio en nombre de una identidad abstracta, una estrategia del Estado para mantener su poder. Y así hasta llegar a la misma religión, que ha sido causa de innumerables guerras.

Documentalistas: Una forma de corrupción del amor es una interpretación reducida del mandamiento de amar a tu prójimo, entendiéndolo como un llamado a amar lo más próximo, a aquellos más parecidos a uno mismo. Si amas sólo a aquellos que te aman, entonces no estas abierto a una demanda más radical del extraño, el extranjero, el adversario. Si amas tan sólo aquellos de tu raza, nación o comunidad, entonces no eres mejor que aquellos dóciles sirvientes opresores. Lo que Cristo demanda es que si quieren ser de verdad hijos de Dios, deben tenderle la mano al extraño, inclusive al enemigo. Para ser parte del reino de los cielos deben de someterse a está demanda.

Sigmund Freud: «Amarás al prójimo como a ti mismo». Adoptemos frente al mismo una actitud ingenua, como si lo oyésemos por vez primera: entonces no podremos contener un sentimiento de asombro y extrañeza. ¿Por qué tendríamos que hacerlo? ¿De qué podría servirnos? Pero, ante todo, ¿cómo llegar a cumplirlo? ¿De qué manera podríamos adoptar semejante actitud? Mi amor es para mí algo muy precioso, que no tengo derecho a derrochar insensatamente. Me impone obligaciones que debo estar dispuesto a cumplir con sacrificios. Si amo a alguien es preciso que éste lo merezca por cualquier título. Merecería mi amor si se me asemejara en aspectos importantes, a punto tal que pudiera amar en él a mí mismo; lo merecería si fuera más perfecto de lo que yo soy, en tal medida que pudiera amar en él al ideal de mi propia persona; debería amarlo si fuera el hijo de mi amigo, pues el dolor de éste, si algún mal le sucediera, también sería mi dolor, yo tendría que compartirlo. En cambio, si me fuera extraño y si no me atrajese ninguno de sus propios valores, ninguna importancia que hubiera adquirido para mi vida afectiva entonces me sería muy difícil amarlo. Hasta sería injusto si lo amara, pues los míos aprecian mi amor como una demostración de preferencia, y les haría injusticia si los equiparase con un extraño. Pero si he de amarlo con ese amor general por todo el Universo, simplemente porque también él es una criatura de este mundo, como el insecto, el gusano y la culebra, entonces me temo que sólo le corresponda una ínfima parte de amor, de ningún modo tanto como la razón me autoriza a guardar para mí mismo.

Este ser extraño no sólo es en general indigno de amor, sino que –para confesarlo sinceramente– merece mucho más mi hostilidad y aun mi odio. No parece alimentar el mínimo amor por mi persona, no me demuestra la menor consideración. Siempre que le sea de alguna utilidad, no vacilará en perjudicarme, y ni siquiera se preguntará si la cuantía de su provecho corresponde a la magnitud del perjuicio que me ocasiona. Más aún: ni siquiera es necesario que de ello derive un provecho; le bastará experimentar el menor placer para que no tenga escrúpulo alguno en denigrarme, en ofenderme, en difamarme, en exhibir su poderío sobre mi persona. Si se condujera de otro modo, si me demostrase consideración y respeto, a pesar de serle yo un extraño, estaría dispuesto por mi parte a retribuírselo de análoga manera, aunque no me obligara a ello precepto alguno.

Jean-Luc Nancy: Quizá el amor al prójimo sea impracticable, ciertamente si lo mezclamos con los valores de ternura y deseo también entendidos como una parte del amor. Pero quizá aquí lo imposible es el índice de la verdad: esa relación con todos los seres no tiene sentido al menos que cada uno de las personas puedan ser localizados en un valor exclusivo y singular.

El amor no es ni una predilección ni una afección, inclusive si puede crear espacio para predilecciones, afecciones y pasiones: el amor es primero que nada una manera de pensar. Es del orden de aquellos pensamientos que no retornan al yo, sino que piensan a través de la experiencia del otro. No hay ni siquiera necesidad de invocar el rostro ético del otro: es suficiente sentir el poder del afuera, que hace nacer en nosotros al otro afirmándolo. El amor es siempre, inclusive en el amor erótico, una forma de pensar la experiencia de algo real, si lo real siempre significa el afuera: la relación entre todos los existentes que hacen el mundo.

El amor llamado cristiano es estrictamente indisociable de la igualdad. Debido a que el prójimo es todo ser humano, incondicionalmente todo ser humano, todas las disimilitudes son removidas. No envuelve el sentimiento sino hacer sentido. Siempre envuelve el sentir, pero sentir en la medida en que entramos en relación también solo por relacionarnos con lo inconmensurable que es designado por la dignidad y el valor singular de cada existencia. Solo a este precio, el precio de lo que no tiene precio, seremos capaces de honrar la apuesta de la relación: la apuesta de ser en el mundo compartido entre los hombres y entre todos los seres. El amor al prójimo es la única cosa que puede desplazar el régimen del poder y el dinero tal como lo conocemos. Lo cuál significa decir: es la única cosa que puede desplazar lo que designamos por capital y tecnología, o lo que se designa asimismo más y más visiblemente como la indefinida acumulación de fines en la devastación generalizada de la dignidad.


Bibliografía:

Badiou, Alain. “El amor cómo fuerza universal” en San Pablo. La fundación del universalismo

Critchley, Simon. La demanda infinita. La ética del compromiso y la política de la resistencia

Freud, Sigmund. La psicología de las masas

Hardt, Michael & Negri, Antonio. “De singularitate 1. Del amor poseído” en Commonwealth. El proyecto de una revolución del común

Lacan, Jacques. “El amor al prójimo” en La ética del psicoanálisis

Freud, Simund. El malestar de la cultura

Nancy, Jean-Luc. Adoration. The deconstruction of christianism, 2

Zizek, Slavoj. “Where there is nothing, read that I love you” en Less than nothing. Hegel and the shadow of dialectical materialism