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Senderos / ¿Por qué defender el legado de los peregrinos?

Senderos

Senderos es un documental que ha tomado a su director 4 años terminar. Como parte de ese proceso escribió esta confrontación entre posturas filosóficas desde el punto de vista de la teología política. Aunque en la actualidad le parece una dialéctica absurda y un juego de citas maniático, nos mandó estos textos por el valor que quizá alguien interesados en los temas tratados les puedan resultar útiles.

¿Por qué defender el legado de los peregrinos?

Espectador: Bien, pues se ha dicho que es necesario serle fiel a verdades universales cómo la justicia y la igualdad, y una comunidad que tenga el coraje para llevarlas hasta las últimas consecuencias.. Sin embargo aún no queda claro qué símbolo podemos tomar para pensar en un vínculo social que no esté mediado por la falsedad de la sociedad del espectáculo, una sociedad tan melancólica que no es capaz de mostrar su verdadero rostro. Así pues, ¿como contrarrestar esa decepción inicial frente a la necesidad de pensar el mundo en imágenes? ¿Qué hacer frente a ese pensamiento crítico que se ha vuelto cínico?

Documentalistas: Todo comenzó cuando hicimos el documental “El camino que lleva a las calles”, el cuál retrata la vida de gente que trabaja en las calles del centro de la ciudad. Lo hicimos en las calles del Centro Histórico, pero nos quedó la inquietud de explorar otros barrios cercanos. Fue así que nos acercamos al barrio de Tepito. Ahí conocimos a Santos, un señor que nos ofreció una gran hospitalidad. Nos habló de la comunidad de peregrinos, a la cuál él pertenece desde hace 20 años. Finalmente el material que grabamos en Tepito no se utilizó, sin embargo nos quedamos con una gran hambre por explorar las múltiples facetas de este barrio, considerado uno de los más peligrosos de México. A finales de ese año visitamos a Santos. Nos invitó a grabar la peregrinación a San Juan de los Lagos dos semanas antes de que partieran. Sin muchos conocimientos sobre esta tradición aceptamos. Lo que vivimos ahí nos asombró, ya que ese coraje del cuál se habló, tan ausente en este mundo, lo encontramos en esa comunidad. Fue ese asombro aunado con nuestra ignorancia que nos invitó a explorar los fundamentos del cristianismo. Pensamos que es en las comunidades religiosas donde tenemos que buscar los principios para poder pensar una comunidad cuyos lazos sean lo suficientemente fuertes para realizar una acción que se sustraiga de las leyes que rigen nuestro mundo.

Racionalismo: ¿Repensar los fundamentos de la religión? Nada parece sonar menos progresista. Después de que la ciencia ha demostrado que el hombre es producto de la evolución de las especies, de que innumerables pensadores nos han hecho ver que la religión no es más que el discurso de los opresores, las pruebas históricas de que la religión ha sido causa de infinidad de guerras...y podría seguir, pero, en definitiva, la religión nunca ha sido un propulsor para el progreso de la humanidad, siempre ha estado en contra de cualquier avance intelectual del hombre para salvaguardar la creencia en un Dios. La religión nunca ha estado del lado de la razón, que es el fundamento del progreso del hombre. La fe nunca ha sido más que un escudo infantil en contra de las inclemencias de este mundo. Enfrentarlas por medio de la religión no sería entonces más que una defensa del irracionalismo, el cuál ha mostrado tener efectos desastrosos en la historia de la humanidad. Lo que la humanidad necesita es un vínculo social basado en la racionalidad del hombre, de otra forma sus impulsos violentos terminarán por autodestruirlo.

Documentalistas: En realidad tú postura no está más llena de fe que la de la religión, una fe que podría considerarse inclusive más ciega. La fe en la razón y el progreso es un mito de la modernidad: basta ver hasta que lugares desastrosos nos ha llevado, basta con ver el Holocausto, solo por mencionar la atrocidad más tristemente emblemático del siglo XX. La razón científica funciona cómo un mecanismo de dominio frente a la naturaleza y al otro. Las consecuencias son visibles en nuestra sociedad: lo que vemos son individuos egoístas, nada creativos y aislados. Por otra parte, el ateísmo al que lleva tu pensamiento no es capaz de darle un sentido a la vida del hombre y es casi una regla que los que critican al cristianismo en realidad lo hacen desde una altura ignorante. Si intentamos erradicar todo lo que es irracional en el hombre entonces nos veríamos en la necesidad de erradicar todo lo que es espiritual en él, empezando por el arte y la belleza, sin tomar en cuenta su deseos, que al venir del inconsciente en realidad tienen un origen irracional. El resultado sería entonces un régimen totalitario donde ningún lazo social fuera de lo utilitario sería posible. Es precisamente debido a la necesidad de este lazo social que necesitamos repensar qué sostienen a comunidades cómo la de los peregrinos. ¿Puede la política convertirse efectiva como un modo de moldear, motivar y movilizar un grupo de personas sin una dimensión que sea religiosa? ¿Una colectividad política puede mantener su existencia, su unidad e identidad, sin un pasaje por lo sagrado, sin religión, rituales y algo que solo podemos llamar fe? Nosotros no lo creemos. La religión ha probado ser por lejos la forma universal simbólica más tenaz y poderosa que la humanidad ha inventado.

Liberalismo: Creo que tu primer argumento es válido, sin embargo después procedes cómo el zorro que después de destruir su madriguera vuelve a encerrarse en ella. Es verdad que la razón moderna es un sistema de dominación de las pasiones del hombre, sin embargo la solución que propones solo nos vuelve a encerrar en un callejón donde no hay libertad, ya que el discurso moralista siempre ha sido aplicado a través de la religión y sus instituciones. La comunidad siempre es aquello que pone en segundo lugar a nuestra libertad. En realidad la forma en que nos debemos alzar en contra del racionalismo es por medio de una exaltación de los derechos del individuo. El derecho, ante todo, de practicar la libertad. La religión es un sistema que para poder funcionar colectivamente debe de homogeneizar a sus miembros. La moral y las virtudes que propaga no es más que un modo de mantener insatisfecho al hombre, su correlato es el malestar de la cultura ya que el hombre al no poder saciar sus deseos se ve envuelto en una profunda melancolía. La realización del hombre solo es posible a través de la lucha por no ceder frente a su deseo.

Documentalistas: En realidad lo que vemos en la actualidad es una complicidad del liberalismo individualista con los sistemas opresores del capitalismo en su fase actual. Lo único que se nos ofrece cómo certeza no es más que la creencia de la libertad entendida como liberación de de nuestros deseos más profundos, qué por fin el mundo nos ofrece cumplir nuestras fantasías más caprichosas. Esta ilusión no sólo es una falsa oferta, falsa debido a que la satisfacción de los caprichos sólo se les permite a quienes pueden pagar su precio, sino más bien toma la forma de un mandato: tanto es así que hoy en día no sentimos culpa por no gozar, sino por no gozar lo suficiente. El capitalismo se alimenta de nuestras desilusiones frente al brillo de sus apariencias, nos demanda buscar el placer a toda costa cómo si se tratara de un bien absoluto, pero ante la fugacidad de este placer nos volvemos monstruos insaciables que consumimos para alimentar aún más nuestros deseos, cuya promesa de saciarse siempre se encuentra pospuesta para la próxima sesión de consumo. Esto llega a tal punto que el liberalismo ha propagado las adicciones y las actividades criminales, no como lo que se opone a la norma sino como el resultado de su exaltación del goce. El malestar de la cultura no se resuelve con la liberación de las pulsiones.

Espectador: Si ni el racionalismo ni el liberalismo son buenas opciones para pensar como llevar a la emancipación del hombre, ¿entonces que opciones tenemos? ¿Cuál es el legado de los peregrinos que debemos de defender?

Documentalistas: La tarea del pensamiento actual es construir conceptos que nos permitan imaginar que otro mundo es posible, por más difícil que sea lograrlo en la práctica. Abandonar el impulso utópico del pensamiento y de nuestras acciones es encarcelarnos a nosotros mismos con el mundo cómo es y asesinar el prospecto de que otro mundo es posible. Un mapa del mundo que no incluya la Utopía ni siquiera vale la pena asomarse, ya que deja fuera el lugar en que la Humanidad siempre aterriza. Sin embargo, esta Utopía, no sirve de nada sin una asociación entre personas que luche por hacerla realidad. Conceptos abstractos cómo lo son la igualdad y la justicia, emblemas de lucha por un mundo diferente, requieren de una fe motivacional para que tengan un sentido real en el mundo. La fe es un elemento primordial en cualquier lucha: es una fortaleza en la debilidad dentro de esta. La fe no es el resultado de la promesa de una bendición posterior a la muerte. Es más bien una promulgación en el presente que se dispara a través de los hechos del pasado y de la inminencia del futuro. La pasión que define la proclamación de la fe concierne a nuestra relación con la esperanza de la redención que ansiosamente aguardamos, para la cual no hay garantías pero que sin embargo nos debemos de preparar.

Misticismo: Se ha hablado mucho de política, sin embargo creo que se ha perdido lo esencial en esta discusión. Hay un misterio más grande que la razón de la filosofía, política o no, no alcanza a entender debido a que lo que está en juego es algo que va más allá de las posibilidades del pensamiento. Cuando el hombre escucha el susurro del absoluto tiene un llamado que toca su matriz existencial de manera más profunda que cualquier otro llamado. Ese susurro no puede ponerse en palabras, sin embargo existe: se hace manifiesto en el hombre por medio de la gracia, ese susurro cuyo mensaje no es claro pero que da un impulso más allá del sentido que proviene de lo palpable . El verdadero testimonio del peregrino es de aquello que no tiene nombre, un llamado espiritual para el cuál la filosofía no tiene representación. De ese susurro en los límites de la razón es de donde proviene su coraje, esa fuerza que tiene para realizar una odisea, que a los ojos del pensamiento no tiene fundamento. Sin embargo ese fundamento no es más que el misterio insondable del hombre, un misterio que merece al menos el silencio que se requiere para horadar un vacío en nuestros corazones para poder sentir su pulso. El peregrino abandona su vida cotidiana, el curso normal de las cosas, para escuchar más claramente ese susurro. Es un llamado a abandonar las cosas superfluas de la vida para alimentar el espíritu que una vez enaltecido es capaz de resistir cualquier prueba de fe.

Jean-Luc Nancy: Si la creencia debe de ser entendida como una forma débil o como una analogía del saber, entonces la fe no es del orden de la creencia. Tampoco del orden de un saber ni de una sabiduría. La fe en realidad es su propia obra. Ella tiene su expresión en las obras, la fe les da existencia y las obras son su consecuencia real en el mundo. Es falso ver en una creencia lo que caracteriza al cristiano: sólo es cristiana la práctica cristiana, una vida como aquella vivida por aquel que murió en la cruz. Las razones que tiene el cristiano para creer no son razones. No es más que la convicción que se repone en los actos, pero no respecto a lo incomprensible de acuerda con una lógica del “no puedo comprender pero debo creer", sino respecto de aquello que es otro acto: un mandato. La fe no es lo argumentativo, sino las acciones que nos lleva un mandato. Este mandato tiene su forma más universal en el mandato de Jesucristo de amar al prójimo.


Bibliografía:

Adorno, Theodor & Horkheimer Max. Dialéctica de la ilustración

Critchley, Simon. The faith of the faithless

Eagleton, Terry. Razón, fe y revolución

Nancy, Jean-Luc. Adoration. The deconstruction of christianity, 2

Dufour, Dany Robert. Liberalismo, liberación de las pasiones, pulsiones, tráficos en: http://www.diecisiete.mx/expedientes/traficos/54-liberalismo-liberacion-de-las-pasiones-pulsionestraficos.html