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Tabellae devotionis

Tabellae devotionis

Buena y bella Proserpina, de Plutón
esposa. Escúchame ¡oh Salvia! Pues conviene así llamarte,
Arrebata la salud, el cuerpo, el color, las fuerzas,
las facultades de Avonia. Entrégala a Plutón,
esposo tuyo. Que ningún pensamiento de ella
pueda evitarlo. Entrégala directamente
a las fiebres cuartanas, tercianas, cotidianas,
y en ellan combatan, se burlen, la aten, la venzan,
hasta que el alma le arranquen. Así pues, te entrego
esta víctima, Proserpina, escúchame Proserpina, escúchame
Aqueronia, si es necesario llamarte así.
Envíame a buscar al perro tricéfalo, para que arranque el
corazón de Avonia.
Prométele darle tres ofrendas,
palmas, higos, un cerdo negro, si todo
esto se cumple antes del mes de marzo.
Te los daré, Salvia, cuando esto se haya realizado.
Te doy la cabeza de Avonia. Proserpina Salvia,
te doy la frente de Avonia. Proserpina Salvia,
te doy las cejas de Avonia; Proserpina
Salvia, te doy los párpados de Avonia; Proserpina
Salvia, te doy las pupilas de Avonia; Proserpina
Salvia, te doy las orejas, los labios, la nariz,
los dientes, la lengua de Avonia, y no pueda decir
Avonia lo que esto duela; su cuello, sus hombros,
sus brazos, sus dedos, para que de ninguna manera
se pueda ayudar; los pechos, el hígado, el corazón,
los pulmones, y no pueda darse cuenta
de lo que esto duela; los intestinos, el vientre,
el ombligo, los omóplatos, los flancos, y no pueda
dormir; su vejiga, y no pueda orinar; las nalgas, los muslos,
el ano, las rodillas, las piernas, las tibias, los pies,
los talones, las plantas, los dedos, las uñas,
y no pueda mantenerse en pie…

Safo describe en el capítulo anterior los movimientos corporales de angustia que todavía ahora nos conmueve. En esta tableta de encantamiento, su anónimo autor ofrece a los tormentos infernales la lista de los segmentos corporales de la mujer a la que desea el aniquilamiento meticuloso y total. Al describirlo, evoca el cuerpo otrora amado, y su acción maligna lo delata. Su investimento libidinal no se limitaba a la epidermis sino que abarcaba el área esplácnica. Por eso su sufrimiento es mayor. Bien pudo pensar en él Catulo cuando escribió su gran verdad: “Quod odiat, amat.”

Dr. Héctor Pérez-Rincón


*Tabellae (tabletas), generalmente dobles, de madera o de marfil, cuyas caras interiores estaban cubiertas de cera, sobre la cual se escribía con un estilete.

Tabellae devotionis o defixionum, tablillas de plomo que contenían maldiciones (concernientes a procesos, carreras de carros, asuntos amorosos). La aliteración aparece en ellas como un procedimiento mágico. Se puede encontrar allí la transposición fonética en letras griegas de fórmulas hebraicas y seguir la alteración del latín hablado. (R. Chevallier. Dictionnaire de la Littérature latine. Larousse, París, 1968.)