Inicio > Una ojeada a las instrucciones de los babuinos pringosos. Cuarta parte

Una ojeada a las instrucciones de los babuinos pringosos. Cuarta parte

Una ojeada a las instrucciones de los babuinos pringosos

Me despedí de la niña…

Antes…Fotografié cinco series sobre las ciudades del joven Osmar,  fue a petición del vendedor de libros. A pesar de ser un cliente habitual nunca había visitado antes su casa, hasta ese día. Normalmente nos citábamos en el café San Moriz o el del Pasaje,  tomábamos tinto o polas y discurríamos en los temas que han envuelto mi investigación desde hace un par de años. He venido investigando sobre las redes secretas de distribución de narcóticos en la ciudad. El man está muy al tanto de todo esto… e incluso me ha conseguido libros de fotografía del Barrio de Egipto, barrio muy viejo  bogotano,  semi amurallado. Es una ciudad cerrada, impenetrable con una larga historia criminal. Es posible que todo un modelo de distribución de narcóticos nació ahí.

El propio Eliécer Gaytan los limitó a un área ante el crecimiento poblacional, debido a las gestas criminales que desde ahí se llevaban a cabo. El deseo del poblado era abarcar todo el cerro de Guadalupe, porque entre más crecieran hacia arriba las autoridades se veían impedidas a contralar el espacio, o ejercer algún tipo de control policíaco en la zona. La verticalidad del cerro dificulta cualquier acceso vehicular. En un plano inclinado todo escapa, no se puede incluso acceder al territorio, sin embargo como ellos se habituaban a la geografía pueden ver todo y saber los puntos estratégicos desde el accidente topológico.

Bajo un dominio total del plano, construían sus ciudad como un una arquitectura hostil a todo lo que no creciera o se distribuyera bajo esa ordenanza. La ciudad quería volverse una isla que geográficamente se opusiera al orden del estado, como una línea de combate al igual que las montañas y su fuerza. Desgastando, atrincherándose, volviendo la  propia vivienda un lugar de batalla, para así obtener las debidas libertades. 

Todo esto me ha llevado a pensar en ciudades que han crecido así. Hay una notoria carga de libertad utópica en todas ellas, al grado que se conectan entre sí. Sin embargo, hay un punto o momento en donde la utopia conlleva a una zona de permisibilidad absoluta. ¿Será porque es una clara manifestación de su propia protección que regresa invirtiendo la ordenanza? Entre más disolución más control. Eso sucedió en Egipto, al grado de ser un modelo para las hoyas bogotanas treinta años después. Cabe la pregunta pertinente, ¿La utopia no trae consigo un germen de paranoia y de control total?

Acá me interrumpe el librero… y me dice que tengo que visitar su casa, porque tiene un sobrino autista que construye día a día ciudades cerradas como el Barrio Egipto. Sin comprender nada de arquitectura, el chico las  hace solo a mano, dedicado todas las horas del día. Como visiones espaciales inauditas abunda en ciudades imposibles- lo que hoy nunca considera un arquitecto-. No son ciudades planeadas, las ciudades no se pueden planear, es imposible y menos esta, u otra del tercer mundo.

El viejo barrio llamado Egipto es una micro ciudad, también es un aprendizaje mental. Esta ciudad se traslapa en otras ciudades en el tiempo. Esta ciudad tiene varios corredores en el tiempo… fragmentos de ciudad. Podemos viajar a la ciudad de México en los años cincuenta. Cerca del centro histórico había varias colonias, territorios utópicos, donde ninguna autoridad se establecía porque esa autoridad era el crimen. Las favelas de Sao Pauloo, El mercado de Lima, Perú…

Veía las imágenes reveladas de las maquetas de Osmar. La fui ampliando y fui haciendo un cuaderno. Pronto comencé a entender varios aspectos. El corte era el pliegue. Osmar no había hecho una ciudad física sino mental, una ciudad transmigrarte, ellas eran varias, ciudades que se oponían al las ciudades ordenadas, trazadas, urbanizadas donde el orden se refleja en un límpido urbanismo. El corte que asumía Osmar era el traslape entre ella, tiempos heteróclitos. Osmar plegaba y replegaba las condiciones, no tanto las cuestiones físicas de la ciudad. Proliferaciones antes que formas.

Recorriendo las imágenes noté algo insospechado, sin saberlo las lecturas de esas ciudades estaban hechas  para verse en partes, fragmentos. Al pasar de una foto a otra se generaba un pliegue atípico. Un pliegue que entraba en su negatividad. Ese pliegue recorría los tiempos. No eran ciudades, eran varias ciudades simultaneas.

Noches de la Ciudad Roja. Identifiqué en una de las fotos la palabra de una de las cinco ciudades. Gamadhis… la última ciudad. Concluí que Osmar solo había leído ese libro en su vida o talvez nunca. Este tipo de ciudad es una y la misma, multiplicada en sus condiciones al infinito.  El pliegue se repliega, en las ventanas que nos deja ver Osmar. Es la paradoja entre el control y la utopia. Es un manual para leer y entender el momento en que las policías de la mente vuelven utópico lo que es el control y la cárcel la utopia absoluta.

En una librería de la Ciudad de México ojeaba el libro del Conde de Buffon y su libro sobre los primates, en especial en el capítulo dedicado a los babuinos. Observo detenidamente los dibujos y grabados que realizó personalmente. El Conde escribe y detalla como esta especie es una especie superior entre el reino de los primates, es lo análogo a un león. Los babuinos cuentan con un amplio esquema biológico para sobrevivir transhistórico. Resistentes a todo, cada vez más fortalecidos.

A veces pienso que la verdadera vuelta a la historia es “regresar” al estado transhistórico de un babuino; solo el puede escapara a la historia. Pura fuerza que establece sus condiciones de superioridad sin ningún cortesía.

Soy el autor de libro: Una ojeada a las instrucciones de los babuinos pringosos.

Y se que no soy un babuino viscoso entre las densas sobreposiciones espaciales.