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Una ojeada a las instrucciones de los babuinos pringosos. Segunda parte

Una ojeada a las instrucciones de los babuinos pringosos. Segunda parte

Bajo la lluvia y las cortinas altas de neblina entre la calle 8 y 12, la tarde espesaba su gris. Yo me cubría bajo lonas y techos de los cafetillos, esperaba a que el cigarrillo terminará de apagarse entre mis dedos, viendo las gotas de lluvia correr entre mi mano. Detenido, ahí, volvía sobre las premisas del libro Una ojeada a las instrucciones de babuinos….

Pensaba y rodeaba la idea de esa abertura al edificio metafísico del edifico barroco, por un corredor a un submundo, como si se abriera una mazmorra debajo de él y nos llevara a su inverso, un subterráneo que es el inverso del pliegue es el repliegue… dice el libro. En una parte el libro se detiene y menciona otro libro: Ciudades de la Noche Roja, el cual toda la tarde de hoy he buscado entre las librerías bogotanas. Corredores apretados entre calles que suben y bajan, voces que cantan títulos, autores. Locales de cuatro pisos, llenos de cuartos embotados de libros y sus categorías, cada libro una mónada. Algunas de estas librerías para su mayor información, cuentan con otras liberarías secretas, sobre todo aquellas  que solo venden libros técnicos. Algunas venden material robado. Conozco bien algunas de estas librerías fachadas, algunas venden otras cosas… pero yo busco libros.  Esa tarde llegué a la calle 9, pregunté por el libro y el encargado me dijo que no lo tenía, pestañeo su tic y me dio la dirección de otra a la cual nunca había ido. Se encontraba sobre una estrecha calle. Entré por una puerta de madera despedazada, había un pequeño local de comida atendido por una señora. No me contestaba ninguna pregunta, solo me ofrecía de comer. Ordené una aromática y caldillo de costilla. Veía las goteras caer y me distrajo una niña que entró por los restos de la puerta, me miró un momento y me preguntó si yo era el que buscaba unos libros.  Terminé lo que quedaba de ese caldo de crápula y bajé con la niña. Por la parte trasera de la cocina había una escalera de metal que ascendía. No se veía el fondo, la neblina y la noche amueblaban el abismo.

Bajamos más de 5 pisos y llegamos a una puerta. La niña toco con mucha fuerza pero nadie nos abrió. Ella después del quinto golpe me dijo: ¡vámonos, venga otro día!

En el sillón me enfrasqué en la lectura del libro. La idea del pliegue orientado hacia su disfunción operatoria.  Repensar la idea del pliegue en otros términos. Se puede decir tanto del pliegue americano, por ejemplo la novela La Vorágine es un re-pliegue que desciende a una zona donde el alma se nubla, queda descoordinada y asumida por otras fuerza. ¿Cuáles son esa fuerzas?  O la novela que busco el cual es todo un repliegue formuladas en cinco ciudades. Ciudades de la noche Roja, 1980. Una novela que se desteje y al mismo tiempo es una codificación/descodificación. Las cinco ciudades que se plantean se plisan una en otra. Conectadas en diferentes tiempos, asumen y responde a otra idea de tiempo.

Después de una semana me veía bajando la escalera con la jovencita. Pronto, tocó la puertecilla…alguien la abrió.