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Trump: el aprendiz en aceleracionismo.

Land daba conferencias extrañas y teatrales: subía por las sillas mientras hablaba o permanecía sentado encorvado, balanceándose hacia adelante y hacia atrás. También condimentaba sus pronunciamientos con humor negro. Decía a los asistentes: “Trabajo en el campo de los estudios sobre el colapso de la civilización occidental”. Un cuarto de siglo después, algunos antiguos estudiantes de filosofía de Warwick todavía hablan de él con admiración.1 

Robin Mackay.

Años atrás en la librería del Museo Reina Sofía en Madrid vi por primera vez traducido al español el libro de Mark Fisher. Realismo Capitalista. Unos días después Trump sería electo presidente para el período 2016-2020. Ocho años después y a manera de avance en el loop del presente permanente, veo el film The Apprentice de Ali Abbasi; días después, anuncian que Trump ha sido reelecto para el período 2024-2028. El estremecimiento no es poco al evidenciar que la realidad ha sido hackeada por un programa de post-verdad, y el film funciona como un verificador o autentificador de simulaciones, es decir, nos ayuda a entender la verdad del simulacro y su eficacia. El film de Abassi es asertivo (a pesar del  innecesario melodrama) al mostrarnos la vida de un joven Trump en ascenso y como se irá tornando un modelo de empresario mediático, así como sus primeros guiños en la esfera de lo político. Años después, este modelo será replicado posteriormente en el terreno político por otros aprendices-simulacros: Jair Bolsonaro, Javier Milei, Elon Musk. Todos ellos se configuran bajo posicionamientos de autoafirmarmación delirante, energetizados por una voluntad de verdad ulterior, que les concede el derecho de llamar al descontento del pueblo, no hacia una democratización política y económica, sino todo lo contrario, liberar y acelerar las fuerzas del capital a través de  nacionalismos o bajo la égida libertaria redentora. Incendiarios, obscenos y vulgares, se desenvuelven bajo la paradoja que asimila el nihilismo y la pasión religiosa.

Tal parece que Abassi, busca rodear y encarar el  nihilismo contemporáneo empleando varios géneros cinematográficos: el thriller en Holy Spider, 2022, la fantasía en Border, 2018 y el horror en Shelley, 2016, su primera cinta. Ahora, The Apprentice, el biopic de Abbasi, sin extenuarse  desentraña varios aspectos claves que dieron origen a estas posiciones paradojales que se manifiestan con tanta vehemencia en el horizonte político actual, centrándose en un capítulos decisivo en la vida de Donald Trump, que fue la estrecha relación que mantuvo con el abogado Roy Cohn, una suerte de mentor al inicio de los años setenta. En el film se retrata a un Roy Cohn con mirada reptiliana de gestos sobrios y fríos, que al ver a Trump lo invita a sentarse a su mesa para departir con él; desde ese momento se estrechará una relación al punto de suplantar la figura paterna. Cohn ve en Trump, el hijo que hay que moldear para hacer de él una figura que continue su legado, instruyéndolo bajo un credo de total inmoralidad, nacionalismo anticomunista, corrupción e ilegalidad. Hay tres reglas básicas que tienes que seguir, la primera: ataca, ataca, ataca. La segunda: no admitas nada, niégalo todo. La tercera: siempre proclamarse vencedor, nunca admitas la derrota. Estas reglas bien pueden aplicarse a la política exterior americana, y desde luego que lo fueron; Roy Cohn mantenía una estrecha relación con Nixon y había participado como escucha en la persecución  a comunistas en la era del Macartismo. Cohn ejercía su influencia y poder con los métodos de vigilancia de las agencias de seguridad, ya bien consolidadas en los años setentas: espionaje, grabaciones, manipulación y la creación de falsas evidencias, y sobre todo las habilidades de utilizar a la prensa para servirse del escándalo mediático a su favor.

En Cohn se aglomeran las prácticas autoritarias, antidemocráticas que Trump recogerá y asimilará haciéndolas suyas, dándoles su sello personal. La gran enseñanza de Cohn a su pupilo, es que la democracia es un sistema político que tiene que encontrar sus límites, alcanzar incluso su negación, es decir, la antidemocracia para así redefinirla y dejarla supeditada tanto al capital, y paradójicamente también, sin dejar de mantener una moral tradicional, aquella que dará sustento al patriotismo americano. Y en donde solo el hombre blanco cristiano y heterosexual, deberá de custodiarla y defenderla ante todo aquello que la ponga en riesgo.

El film de Abbasi concluye sin presentarnos la llegada de Trump a la presidencia, ni tampoco como personaje mediático en el show de televisión The Apprentice. Abbasi se enfoca en mostrarnos a Trump, como el resultado de la transición entre dos tradiciones capitalistas americanas. Trump representa el cambio del american tycoon de la economía tradicional fordista a la del empresario-celebridad de la naciente economía post-fordista neoliberal, aquella que va requerir disolver los sindicatos y las uniones de trabajadores, así como la evasión de impuestos. Toda la década de los ochenta será la consolidación del neoliberalismo en términos ideológicos o lo que Mark Fisher llamó Realismo Capitalista: al sentimiento diseminado de que el capitalismo es el único sistema político y económico viable, siendo imposible una alternativa a él.2 Sin embargo, a mediados de los noventas, el propio Trump será víctima del financierismo global y varios de sus proyectos empresariales terminarán en fracasos y quiebras. Entre las paradojas que encierra Trump, durante toda su campaña del 2016 será la de hacer una crítica severa al modelo neoliberal, que ha empobrecido a la clase trabajadora americana. En su libro Great Again del 2015 hace un diagnóstico de cómo la economía americana, la infraestructura, así como las clases medias blancas se encuentran en total declive.

Mientras tanto, la base de este país -la clase media- y esos 45 millones de estadounidenses atrapados en la pobreza han visto cómo su desencanto y frustración se acentúan a lo largo de los últimos 20 años. Es comprensible que su desencanto y frustración por lo que está sucediendo crezca cada día y se vuelva cada vez peor.3

Solo bajo el Realismo Capitalista, se podía entender que un capitalista como Trump hiciera una crítica al capitalismo globalista, buscando revertir sus efectos devastadores en la clase trabajadora,  sin cambiar el modelo económico responsable de las grandes desigualdades económicas. Después de ocho años y a diferencia del primer Trump, el actual Trump 2.0, se propone un reseteo de la economía americana en grandes proporciones, al punto de desgarrar el marco del Realismo Capitalista para decir ahora : el sentimiento diseminado de que el capitalismo es el único sistema político y económico viable, siendo posible una alternativa a él. Y eso es  M.A.G.A, una alternativa, la clara muestra de que las cosas no pueden seguir igual en Estados Unidos. Por lo tanto, el discurso nacionalista de M.A.G.A es rehacer, rediseñar a través de las grandes corporaciones tecnológicas el capitalismo americano y con ello la democracia, orientándola a un sistema político/económico más semejante al chino o ruso. Los enemigos serán otros y los mismos, ahora solo se añaden a la lista  las minorías identitarias que luchan por sus derechos (wokismo), ya que promueven el comunismo y la destrucción de los valores familiares americanos. Lo que se ha modificado, es la estrecha relación entre religión y capitalismo digitálico, con todas sus nuevos desarrollos en Inteligencia Artificial, Capitalismo de Plataformas y de Datos, es decir concentración  y monopolio de los desarrollos tecnológicos en las mismas compañías. Es el fin del liberalismo, o también decir:  ¡Se caen las máscaras!  para  desgarrarlo  desde dentro y fuera, ya que esto significa rehacer también el mapa geopolítico y buscar un G3 con China y Rusia.

Trump 2.0 fue también la llegada y salida de Elon Musk- como nuevo aprendiz que rompe con su mentor- y que al igual que Trump, se ha vuelto un personaje sumamente mediático; siendo el dueño del medio (Musk dueño de la Red X) Con sus algoritmos programados en IA manipulan a gran escala la opinión pública, como lo vimos en la última campaña de Trump y el intento de golpe de Bolsonaro en Brazil. Ahora el empresario es el hacker que reprogramará la Democracia. Estamos ante  la construcción de un nuevo liderazgo político que le parece obsoleta la propia democracia y prefigura el fin de la historia, ya no en los términos globalistas de Francis Fukujama, sino aquel que va a la conquista de Marte; como declaraba Elon Musk y su slogan: Occupy Mars. Ambos vislumbran un nuevo paradigma político que rompe con los modelos tradicionales de análisis políticos ya que estamos ante un tencocristianismo aceleracionista, en donde Trump es el gran acelerador y que buscará relanzar el capitalismo hacia las nuevas colonias en Marte, o rehaciendo un nuevo mapa geopolítico, como es su interés en tomar Groenlandia o en su proyecto masivo Trump Gaza para el medio oriente.

Quisiera asimilar mejor esto, así que voy de vuelta al loop cortocircuitado de Fisher 4 para aproximarnos a un escenario en donde las modalidades tradicionales de la crítica izquierdista, tienen que salir del atolladero conceptual para entender los próximos escenarios geopolítico, a pesar del conflicto Trump/Musk.

Ante esto, tendríamos que considerar el canto del coro en Parsifal, la Ópera de Richard Wagner: la lanza que hiere es la misma que cura. Es decir, tendríamos que emplear la propia globalización, más no ya la que daba fundamento al neoliberalismo occidental, sino la que dinamiza medios o plataformas tecnológicas, para desarrollar nuevos marcos cognitivos y relocalizaciones geopolíticas.

Notas Bibliográficas  ↩︎

  1. Beckett, Andy. Accelerationism: how a fringe philosophy predicted the future we live in. 2017. The Guardian. ↩︎
  2. Fisher, Mark. Realismo Capitalista. 2016. Caja Negra. Buenos Aires, Argentina. ↩︎
  3. Trump, Donald. Great Again. 2015. Threshold Editions. New York, NY ↩︎
  4. Fisher, Mark.  K-punk. How to kill a zombie: strategising the end of neoliberalism. OpenDemocracy, (18 July 2013) ↩︎

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