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El Caballo Inmóvil en el Tiempo Enlodado

El Caballo Inmóvil en el Tiempo Enlodado

BELA: First of all, I know the whole movie from the first reel to the last.
I know what we have to do with it; scene by scene, page by page.
I don’t need a script.
VM: So you have the whole movie in your mind before you film.
BELA: Sure. I see the whole film.
INTERVIEW WITH BELA TARR, RIFF 2011

La luz se consume, se ha agotado. La luz interna de la película “El Caballo de Turín” igualmente se extingue. Casi al final, encuentra su total consumación. La pantalla permanece en negro. Silencio, el viento deja de soplar. Las imágenes de la película se mantuvieron unidas por este tiempo al borde de su extinción. ¿Cuál es esta estructura del tiempo que transcurre sobre sí mismo, el cual se plantea como tiempo encadenado a una acción que se repite, pero esta no se plantea como una secuencia lineal, sino sobrepuesta en un tiempo que se irá encimando para extinguirse, un tiempo que se alimenta de su agotamiento?

El cine para Bela Tarr gira en torno a considerar la siguiente idea: si transcurre el tiempo es porque se desgasta. Esta consideración sobre el tiempo se irá planteando como una cinematografía e irá ganando terreno, se irá demostrando como un pensamientoa su vez. Sí la luz se debilita, está por apagarse. De igual manera, este transcurrir parece aglutinar la materia hacia el lodo o la polvareda. Encarecimiento de luz y lodo sobre el paisaje, son la imagen del tiempo y la materia. Tiempo extenuado, desgastado que lleva la narración a un límite, la conduce hacia su propia ausencia. Bajo ese tiempo no hay historia que contar, el tiempo al igual que la luz se irá absorbiendo, irán al punto de la reducción absoluta, ni siquiera hay lugar para la deseperanza. El film se resuelve bajo la misma idea del tiempo. ¿Qué punto del tiempo es este, qué punto se alcanza? Es oportuno decir, qué quizás se sugiere un tiempo fuera del pensamiento y que bajo su extinción se presenta el esfuerzo de la repetición. Los personajes esperan, siguen esperando, miran hacia la ventana, afuera no hay nada, sólo la blacura de la tormenta. De esta manera pasan seis días, casi idénticos. Salen para regresar.

Perduran en este desmoronamiento del tiempo. ¿Es la extensión de lo inacabado, la extensión de lo concluido? La acción, la “Historia” y todas sus historias llevan a la inacción, al repunte de la caída.

Un principio paradójico se articula en toda la película, o mejor dicho la rige, la cual se anuncia desde la primera secuencia, en donde el caballo parece más inmovilizarse que ponerse en marcha a lo largo de la secuencia inicial, donde se ve que es tirado por el conductor. Más como una escultura monumental, el caballo adquiere un insólito movimiento, sugiere otra idea de movilidad, una desobligada vitalidad lo conduce por el terreno en medio de una tolvanera.

Al parecer todo el film se asume para desenvolver la problemática ontológica. Una densa capa de polvo nos advierte de la próxima noche del tiempo. Se alumbra la oscuridad, es promisoria la noche del tiempo donde sólo se escuchan algunas respiraciones. El caballo parece ser la fuerza motriz desaventajada, es el motor de la historia desacelerándose, anclándose. Es la precipitación hacia el fin del relato histórico; es ensordecedor. Densa capa sonora, venturrón incesante, azota la desolación, la nada atormentada.

El caballo sigue avanzando, pero no se mueve, la luz sigue agotándose, alumbra la soledad. La tormenta de polvo no cesa, percude y enmugrece la ontología occidental. El interior estupefacto, sabe que la aironada esta por apagar el film, al cine mismo; la última película para Bela Tarr es atravesar la nada e integrar la dignidad a esa nada.